Religiosa (1572-1641). Amiga intachable de san Francisco de Sales, nació en Dijon, el 23 de enero de 1572. Huérfana de madre, Juana es prometida por su padre como esposa a Cristóbal II. Del matrimonio nacen dos hijos. Queda viuda en 1601 cuando su esposo muere en un accidente de caza.

La muerte de su esposo la lleva a una profunda decaída tanto física como espiritual y moral. Rechaza cualquier otra propuesta de matrimonio, advirtiendo dentro de sí, el deseo de vivir en permanente contacto con Dios. Considera la posibilidad de entrar en un convento y así conoce a San Francisco de Sales.

Francisco le habla de un proyecto muy audaz: Fundar una orden religiosa femenina que logre reunir la vida contemplativa y activa. No habría obligación a la clausura, sino la libertad de salir a los campos y caminos para ayudar a los pobres y necesitado.

Movida por la invitación de su amigo francisco, junto con otras tres jóvenes, funda la congregación de las hermanas de la visitación en Annecy. El obispo de la época se opone a su estilo de vida y las obliga a vivir solamente en contemplación.

Muere el 13 de diciembre de 1641, dejando como herencia la orden de la Visitación, presente hoy en todo el mundo.

Para tu vida

Muchos conventos se establecieron bajo el esquema de ser únicamente contemplativos, es decir de permanecer todo el día en silencio y oración, meditando los misterios de Cristo. Sin embargo, hoy estamos llamado a retomar las palabras de san Benito: “Ora et labora”, es decir trabajar y orar. San juan Eudes va mucho más allá, y nos exhorta a convertir nuestra vida cotidiana en una oración perpetua. Ese era el ideal de santa Juana Francisca, sin embargo en obediencia al obispo decidió dedicarse por entero a la contemplación. Que nosotros logremos contemplar los misterios de Dios a través de cada acción que realizamos en nuestro diario vivir, de modo que hagamos de nuestra vida una oración permanente para darle la gloria Dios.