Religioso y Mártir (1179-1240). Nacido en Londres en 1179. Fue hijo de un capitán ingles, al servicio del rey Enrique II (Quien ordenó el asesinato de Tomás Becket, arzobispo de Canterbury). Soldado y Mártir, hombre de pensamiento muy inquieto, recorre durante su vida Europa y África del norte en una serie de iniciativas que concluirán con el martirio.

Es aún niño cuando acompaña a su padre en la tercera Cruzada y a su vez participa en la conquista de San Juan de Acre y en el asedio de Ascalona. De regreso la nave en la que viajaban naufraga quedando como rehenes de las tropas de Asturias. Serapio, rehén en espera de rescate, se hace amigo del príncipe Leopoldo, con quien participa en otras dos cruzadas, hasta que en 1222, entre en contacto en España con san Pedro Nolasco, fundador de los Mercedarios y decide entrar en su Orden.

Ya como mercedario, colabora en el rescate de los rehenes por parte de los musulmanes. Durante un viaje a Inglaterra asaltan la nave en la que viajaba y es abandonado medio muerto en una playa. Curado milagrosamente y vuelto a Londres, Serapio se enfrenta con la política anticlerical del soberano, siendo exiliado a Escocia y luego a Irlanda.

En 1240 regresa a Argelia como mercedario. Sin dinero para los rescates se ofrece como esclavo, en espera de la llegada de la suma requerida. Mientras se detiene en África y se ocupa en convertir a sus carceleros, es arrestado y asesinado: amarrado a una cruz de san Andrés es decapitado.

Para tu vida

Al celebrar la memoria de san Serapio, estamos llamados a ser valientes luchadores en favor de la Iglesia. En la actualidad, esta lucha ha de librarse más que a la fuerza, con testimonio de vida, haciendo vivo a Jesús en nuestras vidas, de modo que reconozcan al mismo Cristo en nosotros.