Hoy se celebra la solemnidad más alta y preciosa de aquella que es llamada Reina de los Santos. La inmaculada concepción de María, es el dogma que nos presenta a nuestra madre, preservada de toda mancha de pecado original.

La virgen María, exenta del pecado original, gozó del privilegio de ser escogida como la Madre Dios, así es la llena de gracia, la toda pura, la inmaculada.

La fiesta de la Inmaculada Concepción de María tuvo origen en la Iglesia de Jerusalén, en la que estaba viva la memoria de su casa natal, en las cercanías de la Puerta Probática (es decir de las ovejas).

En el jardín de esta casa, Ana su madre, observando un nido de pájaros, se desahoga por su amargura al llegar a la vejez sin hijos. Un ángel se le apareció y le dijo: ¡Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu oración, concebirás y darás a luz, de tu descendencia se hablará en toda la tierra. Así de Joaquín y de Ana, es engendrada, de modo inmaculado, la Madre de Dios.

La solemnidad, muy viva en las iglesias Oriente, es introducida en Roma en el siglo VII, por el Papa Sergio I. Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, con la bula Ineffabilis Deus, proclama el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Para tu vida

María nuestra madre concebida sin pecado, más que un dogma es una manera de reconocer la santidad de la Madre del Señor. Ella desde siempre Dios la eligió para la misión más sublime de la historia: ser la madre del salvador. Al celebrar su fiesta, reconocemos sus virtudes y le pedimos que interceda para que en nosotros habite el mismos Espíritu que la guió.