Durante la audiencia General de hoy 04 de abril, en su ciclo de catequesis sobre la Misa, el Santo padre habló sobre la conclusión de la liturgia “Finalizada la oración de después de la Comunión, la Misa concluye con la bendición impartida por el sacerdote y la aceptación del pueblo”.

Continuó explicando que al igual que se comienza con el signo de la cruz, nombrando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, de la misma manera se termina, “ahora la liturgia se sella en nombre de la trinidad”.

El Papa recordó que aunque la Misa se acaba “se abre el compromiso al testimonio cristiano. Salimos de la iglesia para ir en paz a llevar la bendición de Dios en nuestras actividades cotidianas, en nuestras casas, en nuestros trabajos, entre nuestras ocupaciones de la ciudad terrena, glorificando al Señor en nuestra vida”.

El sumo pontífice, además invitó a los fieles a salir de misa como cristianos renovador que están cercanos a la Eucaristía y a dar testimonio de Dios en sus vidas, que no se dediquen a murmurar unos de otros al salir de la iglesia. “Cada vez que salgo de la Misa debo salir mejor de lo que he entrado, con más ganas de dar testimonio cristiano”.

Y añadió que por medio de la Eucaristía, Jesús entra en nosotros, en nuestro corazón y en nuestra carne para que podamos experimentar en vida el sacramento recibido en la fe. Además que “no debemos olvidarnos que celebramos la Eucaristía para aprender a ser hombres y mujere eucarísticos”, Esto significa que dejamos actuar a Cristo en nuestras obras, que sus pensamientos sean los nuestros, y que sus decisiones también sean nuestras decisiones.

El Santo padre también dijo: la presencia real de Cristo en el Pan consagrado no termina con la Misa, la Eucaristía se custodia en el Sagrario para la Comunión de los enfermos y para la adoración silenciosa del Señor en el Santísimo Sacramento, el culto eucarístico fuera de la Misa, ya sea de forma privada o comunitaria, nos ayuda a permanecer en Cristo”.

Y por tanto los frutos de la Misa deben estar en nuestro proceso de madurez de la vida, en el día a día. Que tiene que aumentar nuestra unión con Cristo, “la Eucaristía actualiza la gracia que el Espíritu nos ha dado en el Bautismo y en la Confirmación, con el fin de que sea creíble nuestro testimonio cristiano”.

Antes de concluir afirmó que la participación en la Eucaristía nos compromete con los pobres, enseñándonos a pasar de la carne de Cristo a la de los hermanos, a través de los cuales él espera ser reconocido, servido, honrado y amado. Y finalizó explicandonos que somos de barro y necesitamos constantemente de Cristo : “Portando el tesoro de la unión con Cristo en vasos de barro, tenemos una necesidad continua de regresar al santo altar, hasta que, en el paraíso, gocemos plenamente la santidad del banquete de bodas del Cordero”.