En el marco del día 01 de noviembre, fecha en la que celebramos el día de todos los santos, el Papa Francisco nos invitó a apropiarnos de esta fiesta y nos muestra a través de las bienaventuranzas que las características de la santidad no son para nada alejadas de nosotros, por el contrario están lo más cercano posible a la realidad, en nuestro entorno hay personas construyendo su camino a la santidad.

El Santo Padre inicia su audiencia haciendo referencia a que esta solemnidad es “nuestra fiesta”, no porque nosotros somos buenos, sino porque la santidad de Dios ha tocado nuestra vida. Los santos no son figuritas perfectas, sino personas atravesadas por Dios. Nos dice que los santos son hermanos que han recibido la luz de Dios en su corazón, y la han transmitido al mundo desde su propia “tonalidad”. Nos muestra que este es el objetivo de la vida, pasar la luz de Dios, en medio de las manchas y oscuridades del pecado.

Tomando el evangelio de este día (Mt 5,3), nos muestra que Jesús se dirige a nosotros diciéndonos “felices”, que esta, es la palabra de inicio de su evangelio, porque la buena notica es el camino de la felicidad. Quién está con Jesús es bienaventurado, es feliz. La felicidad no está en el tener algo o en el convertirse en alguien, no, la felicidad verdadera es estar con el Señor y vivir por amor. Continúa el Sumo pontífice: los ingredientes para una vida feliz se llaman bienaventuranzas: son bienaventurados los sencillos, los humildes que hacen lugar a Dios, que saben llorar por los demás y por los propios errores, permanecen humildes, lejos de la justicia, son misericordiosos con todos, custodian la pureza del corazón, trabajan siempre por la paz y permanecen en la alegría, no odian e, incluso cuando sufren, responden al mal con el bien.

Las bienaventuranzas, nos dice el papa, están pensadas no para súper hombres, sino para quienes viven las pruebas y las fatigas de cada día.; Las bienaventuranzas son el mapa de la vida cristiana. La celebración de los santos, no es sólo la fiesta de los santos calendario, sino también de tantos hermanos y hermanas, personas sencillas, escondidas que en realidad ayudan a Dios a llevar adelante el mundo, por esto es una fiesta familiar.

En especial destaca el Santo Padre, dos bienaventuranzas. La primera de la lista: “Los pobres de espíritu”, entendida como los “Que no viven para el éxito, el poder y el dinero; saben que quien acumula tesoros para sí no se enriquece ante Dios (Cfr. Lc 12,21). El papa nos extiende la invitación a no preocuparnos por lo que no somos o nos falta, si no a recordar que nuestra felicidad está en el Señor y en el amor, sólo con Él, sólo amando se vive como bienaventurado.

La segunda bienaventuranza en la que hace énfasis, no se encuentra en el Evangelio, sino al final de la Biblia y hace referencia a la conclusión de la vida, «Felices los que mueren en el Señor» (Ap 14,13), en relación con la conmemoración del día 2 de noviembre, nos dice que estamos llamados a acompañar con la oración a nuestros difuntos, para que gocen por siempre del Señor. Recordemos con gratitud a nuestros seres queridos y oremos por ellos.

Finalmente, como acostumbra a hacer, nos deja en manos de la Santísima Virgen María: La Madre de Dios, Reina de los Santos y Puerta del Cielo, interceda por nuestro camino de santidad y por nuestros seres queridos que nos han precedido y han ya partido para la Patria celestial.