Una humilde muchacha judía sostiene una conversación con un ángel y de allí toda la historia del género humano cambiaría para siempre. Un diálogo atípico, un momento sublime donde el cielo y la tierra se unen, para dar paso a la salvación, luego de un anuncio incomprensible.

Ella, valiente e inteligente, se pregunta y le pregunta al ángel que cómo sería aquello, si ella era soltera, no estaba desposada ni conocía varón; allí, la condición humana tratando de entender el misterio de lo revelado. (Lc 1 ,34)

El ángel, firme en su encomienda de ser la voz de Dios, consuela a la muchacha con la promesa de la asistencia del Espíritu Santo y el cubrimiento de la sombra de Dios sobre ella. Todo el respaldo posible, solo restaba decir sí. (Lc1, 35)

El sí pronunciado rompe las fronteras entre Dios y los hombres y revoluciona el orden hasta ahora establecido, en el que Dios en su gobierno y orientación de lo creado, de una u otra forma, aún le faltaba un último paso para acercarse. Israel tuvo la revelación en el Sinaí, la Ley y la promesa; hoy, luego de éste diálogo, la esperanza renace ante la posibilidad de un Dios que vendrá a compartir con nosotros la condición humana (excepto el pecado).

La Solemnidad de la Anunciación, instaurada desde la antigüedad de la Iglesia y concebida en la patrística, presenta el giro y la confirmación del inicio del Nuevo Testamento y la Nueva Alianza, la nueva etapa de la revelación que se viene preparando durante la historia de Salvación y que se concretará en el posterior nacimiento de Jesús.

¿Qué se anuncia?

Se anuncia la explosión del amor de Dios, que crece en la ilusión de un mundo que necesita respuestas ante el dolor. La fatalidad no tendrá más poder sobre los hombres en tanto que nacerá un salvador. Se anuncia que Dios, ratifica su promesa de amor hacia la creación.

Dios cuenta con la humanidad, para hacerla co-partícipe de la realidad salvadora, y que las manos humanas, conducidas por el aliento de Dios, construyan palmo a palmo el proyecto, no somos un aditivo en la creación, somos los destinatarios de todo el plan.

Un anuncio de esta magnitud, abarca la vida entera, necesita plena conciencia que nos implica para asumir y entender qué nos toca entender: Dios se acerca, Dios ha venido a acompañarnos.

¿A quiénes se les Anuncia?

Sin Eufemismos, A TODOS. Quieran o no, escuchar.

Todos los humildes, los necesitados, los destinatarios del consuelo que solo proviene de Dios, todos los que en su vida y en su corazón se aferran a nuevos sueños y a un nuevo mundo que les ha cerrado las puertas. Anunciar la encarnación del salvador, trasciende las culturas y sobrepasa los códigos religiosos. Se nos está contando la mejor noticia posible, la noticia de la esperanza que salva y que estará junto a nosotros. Negarse a escuchar este anuncio, es negarse a escucharse a sí mismos.

En el marco de ésta pascua, en la que se valida lo anunciado y celebrado en la Resurrección de Jesús, comprendamos que lo prometido por Dios se cumple y se verifica en el día a día de la Fe.
Con María, digamos que se haga en nosotros su voluntad, voluntad de no ocultarse y de ser siempre fiel a nosotros. Dios es ternura y Dios se nos acerca.