En ocasiones sentimos que la vida no tiene sentido, que no hay sabor ni color alguno que le proporcione a la existencia motivos para construir un proyecto de vida que valga la pena, por eso es necesario descubrirnos como a lo que estamos llamados, a construirnos como seres humanos valiosos con un camino de autenticidad, donde podamos descubrirnos valiosos y valiosas con todas nuestras cualidades y defectos, que sepamos hallarle gusto a la vida, y contagiar a todo el que lo necesita.

La sal le proporciona el sabor a los alimentos, pero además de eso no permite que se corrompa o se dañen algunas carnes, sino que las preserva para que puedan durar mayor tiempo y ser consumidas sin que le hagan daño a los que las consumen, de esta misma manera estamos llamados a ser “sal”, primero para nuestra vida, para obtener un sabor particular que le dé a nuestro ser esa chispa característica que lo anime y lo haga ser distinto de muchos otros, que no han descubierto que lo primero es hallar sentido y tener sabor en nuestra existencia.

Pero también estamos llamados a ser luz, es decir, una vez que hemos descubierto el valor, el sentido, el sabor que tiene nuestra vida, eso lo vamos a comunicar a todo el que lo necesite, como lo hizo aquel carpintero de Nazaret, hijo de José: Jesús, quien insiste que estamos llamados para alumbrar e iluminar la vida de muchos otros seres humanos con toda la energía que podemos llegar a descubrir en nuestra propia existencia y en nuestro corazón, estamos llamados a construir una nueva sociedad donde podamos ser transmisores de esta Verdad: hemos sido creados para ser felices y eso lo descubrimos en nuestro interior.

Finalmente es importante reconocer que nadie podrá darle sentido y sabor a nuestra vida, sino somos nosotros los que realicemos esta tarea, en ocasiones estamos en esa búsqueda y lo queremos encontrar en otros, pero tengamos la seguridad que es en nuestro interior donde encontraremos la clave para poder ser felices y compartir con los demás esa felicidad, no para que ellos vivan igual que nosotros, sino para que puedan encontrar en sí mismos también su felicidad, de esa manera seremos sal y luz para el mundo.