Por estos días ando reflexionando sobre cómo podemos educar mejor a nuestros hijos para que crezcan con valores.

Y uno diría, pues es fácil, se los enseñan en el colegio. Pero no, no se los enseñan en el colegio y si los enseñaran los ejemplos no serían coherentes. Pues si no los ven en casa, se perdió la enseñanza.

Es un hecho indiscutible que uno clona los procederes de sus padres, así los haya odiado en la niñez y adolescencia.

Doy gracias cada día por mi familia y por los padres que tuve, pero no eran perfectos. Mejores que muchos, si. Pero no perfectos. Mi Papá era un hombre bueno, noble, leal de quien aprendí muchísimas cosas que me hacen ser La Persona que soy hoy. Y qué decir de mi mamá que a los sipotazos me hizo responsable, impecable y cumplidora de mi deber y me enseñó tanto, tanto de la vida. Ambos, fueron fantásticos. Pero ambos tenían un genio terrible, del que me avergoncé muchas veces porque regañaban a otros y a nosotros sin mediar reflexión, circunstancia o lugar. De ellos aprendí a hacer respetar mis derechos pero con hiel. Lo uno es bueno y lo otro malísimo, porque repito ese error, brego con eso cada día. A veces, gano, a veces no.

Pero el tema va más allá y es hacer a los niños entender que los seres humanos somos iguales, que la plata no hace a nadie mejor que nadie. Al revés, la plata daña en la mayoría de los casos y elimina rasgos que fueron buenos en una persona, antes que un golpe de fortuna la hiciera creerse mejor que los otros.

No hay ciudadanos de primera o de segunda. La empleada de mi casa es igual que yo, se enferma igual que yo, se cansa igual, quiere divertirse o llorar igual que yo.

Pero no, como es la empleada, eso la convierte en menos persona sujeta a abuso, mal trato y discriminación y así sucesivamente de acuerdo al cargo, se vuelven menos personas hasta hacerse invisibles.

Nuestra educación debe ser más incluyente, y debe partir desde la familia. El respeto, la tolerancia, el dialogo, la bondad deben ser protagonistas primero de padres a hijos y viceversa y de allí irradiarse a los círculos que nos rodean sin importar quienes son o que cargos ocupan.

En fin, lo que se debe acabar es la visión de personas de primera y personas de segunda y tratarnos bien, ser decentes y respetuosos con el otro y debemos volver a educar en valores.

Ya lo dijo Jesús, ama a tu prójimo como a ti mismo.