Homilía de este jueves en la Casa Santa Marta en el Vaticano

Hoy, en la Casa de Santa Marta durante la misa matutina el Santo Padre nos invita a reflexionar en lo diferente del amor de Dios por nosotros, que es distinto a los amores mundanos que pueden buscar poder y vanidad, pero el amor del Padre no tiene límites y es eterno. Este anuncio es una de las muchas razones por las que los cristianos debemos ser alegres.

Es bueno que permanezcamos en el amor de Dios porque ese amor nos hace más felices en la vida cotidiana, la mejor forma de vivir en el modo de vivir cristiano, cuando das amor recibes amor y la propuesta del amor misericordioso hace un mejor mundo.

El mandamiento más importante es: “el amor del Padre hacia Él y el amor de Él hacia nosotros”.

“Existen otros amores. También el mundo nos propone otros amores: el amor al dinero, por ejemplo; el amor a la vanidad, pavonearse; el amor al orgullo; el amor al poder, y también haciendo tantas cosas injustas para tener más poder… Son otros amores, éstos no son de Jesús, ni son del Padre. Él nos pide que permanezcamos en su amor, que es el amor del Padre”.

Nos invitó a pensar “en estos otros amores que nos alejan del amor de Jesús. Además, hay otras medidas para amar: amar a medias, y esto no es amar. Una cosa es querer y otra cosa es amar”.
Amar es más que querer, se quiere con medida, pero cuando se ama de verdad se ama sin medida: “permaneceremos en el amor de Jesús que es el amor del Padre, es el mismo. Sin medida. Sin este amor tibio o interesado”.

El amor de Dios en un don, a partir de que entiendes el amor de Dios como un regalo y haces de ese amor tú día a día, invariablemente serás mucho más feliz.

“Nuestra misión cristiana es dar alegría a la gente” dijo el Pontífice, indicando la oración apenas rezada: “Que el Señor cuide este don de permanecer en el amor de Jesús para poder dar alegría a la gente”.