Dios en su inmenso amor, siempre ha querido lo mejor para nosotros, por eso es que a pesar de nuestro pecado y de nuestras limitaciones, nos entregó a su Hijo Jesucristo, para que por Él fuésemos salvados y experimentáramos así, su amor. Esto significa que Dios tomó la iniciativa para que a ejemplo suyo le amáramos y amáramos a nuestros hermanos.

No se trata por tanto de una retribución o negocio que hacemos con Dios, sino que le amamos porque Él nos amó primero (1 Jn. 4,19), desde el mismo instante de la creación. Por esta razón participar de la Eucaristía, dar ayudas a la iglesia para su tarea evangelizadora, o socorrer a los pobres, no ha de ser un acto que en el fondo espere una comisión, sino que es la manera de darle gracias a Dios y de demostrarle nuestro amor por lo que ya hemos recibido de su infinita bondad.

¿Cómo corresponder al amor de Dios? Fácil: tener una fe profunda en el Señor, abandonarnos en sus amos y poner toda nuestra confianza en su poder, amar al prójimo mediante una entrega generosa al servicio de los más necesitados como dice la sagrada escritura: “Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn. 4,20), de ahí que amar a Dios se realiza en la vida cotidiana, concretamente en la relación con las personas que a diario compartimos.

No obstante, la entrega a Dios, puede traer consigo dificultades, problemas y situaciones que nos pueden poner a tambalear, sin embargo, en esos momentos es cuando probamos nuestra fe y experimentamos el amor de Dios que se manifiesta mostrándonos el camino que debemos seguir, dándonos las fuerzas necesarios para enfrentar los avatares de la vida, pero para ellos es fundamental hacer a Jesús parte de nuestro diario vivir, abandonarnos a su voluntad y por muy fuerte que sea la marea, siempre habrá una salida.

Dejémonos amar por Dios y amémosle viviendo en comunión con Él a través de la oración, la participación activa en los sacramentos y mediante el servicio y la entrega generosa a los más necesitados.