Generalmente cuando las cosas no salen como uno espera, es normal que sintamos tristeza y queramos darnos por vencidos. Un sentimiento de frustración se apodera de cada uno de nosotros invitándonos a la resignación, a sumirnos en la decepción de no haber alcanzado lo propuesto. Eso es comprensible, somos humanos y nuestras emociones tienden a gobernarnos en muchas situaciones. Sin embargo, puedes decidir avanzar en la búsqueda de tus objetivos con el trabajo constante y una profunda relación con Dios o quedarte sumido en estos pensamientos que no te llevaran a lograr lo que te propones.

Un ejemplo claro sobre esto lo encontramos en la biblia en el personaje de Job quien perdió todo bien material y seres queridos mientras su fe se mantenía intacta. Nos dice la biblia en Job (1,22) : “En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.” Te preguntarás: ¿Cómo pudo hacerlo? Él también sintió el dolor propio de las situaciones, pero sabía que su providencia venía del que todo lo puede, Jesús. Para saber cómo no perder la fe es necesario tener unas ideas claras de que es la fe. Primero, tener fe en Dios no es creer que Él actúa mágicamente, al contrario, se necesita de nuestra parte para alcanzar las bendiciones. Es indispensable el trabajo constante. Muchas veces pensamos que todo se resuelve en la oración pero no es así. Dios te limones, la limonada la haces tú; segundo, es saber que la vida tiene un rumbo que no se lo impone Dios, es propia de ella. Por ejemplo, no queremos que a nuestros seres queridos les llegue la enfermedad o la muerte, pero por mucho que oremos algún día llegará como proceso natural de nuestra existencia. Entender que la vida tiene momentos difíciles es clave para crecer en la fe. Tercero, saber que somos hijos de Dios y por lo tanto su amor nos acompañará siempre. No debemos olvidar que somos fruto del amor de Dios.

Estas pequeñas líneas buscan que encuentres el sentido de tu fe en los momentos de tempestad. La fe no es una continua victoria, necesita de los momentos duros para hacerse más fuerte. Ten presente que el sueño de Dios es verte sonreír…