Hay momentos en la vida que aunque tengamos la consciencia de ser creyentes y que Dios nunca nos abandona., nos sentimos solos. No se trata de un invento por la tristeza, ya que muchas veces miramos a nuestro alrededor y las circunstancias afirman esa soledad.

Quisiera empezar diciendo que sentirse solo no es malo, ya que cada uno de nosotros como personas tenemos fragilidad y nos guste o no siempre vamos a querer sentirnos acompañados; esa compañía debe basarse en primer lugar en Dios, ya que sin Él nada tiene sentido.

Vemos personas que van a fiestas, hacen viajes, entran y salen de reuniones y en la agenda ya no hay un espacio ni siquiera para un respiro; algunos dirán son personas que nunca se sienten solas, pero resulta que también sufren en muchos de los casos de esa tan dura soledad. Esto se debe a que la soledad no está ligada únicamente a la ausencia de personas de manera física a nuestro alrededor, sino también y creo que es más duro cuando te sientes solo con personas que hasta viven contigo.

No quiero invitarte a que salgas de la soledad de un brinco, más bien te invito a que en medio de esa soledad dura o no, puedas encontrarte con Dios y contigo, ya que es en medio de ese silencio que implica la soledad en donde debemos revisar ciertas cosas de nuestra vida que pueden mejorarse y así poder aprender a vivir solo y/o acompañado. Eso sí, aunque aún lo dudes, Él siempre está contigo, jamás te deja, el problema es que queremos “disimular” tanto la soledad con el ruido de la sociedad que terminamos no escuchando su voz cuando nos dice: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” Mt 28, 20b.

Hoy cierra los ojos en medio de esa soledad que vives y descubre que Dios nunca te ha dejado y con Él podrás hacerle frente a todo.

Hoy a las 10:00 pm descubriremos que la soledad es una buena compañera cuando sabemos quién nos acompaña. Escúchanos por: http://minutodedios.fm/en-vivo