Dos niños, uno pobre y otro rico, se encontraron, en vísperas de Navidad, ante los escaparates, atiborrados de juguetes, de un almacén. El niño pobre miraba los juguetes con sus ojos grandes y tristes… Ninguno de esos juguetes eran para él. El niño rico iba con su mamá, escogiendo juguetes y juguetes; después montaron en un automóvil y se alejaron de la tienda.

El 24 de diciembre se volvieron a encontrar. El rico le dijo al pobre: “El Niño Dios me va a regalar un tren eléctrico, un automóvil de control remoto, una avioneta; la criada me sirvió champaña y pastel, pero estoy triste porque mi papá no está en la casa; mi papá y mi mamá no se quieren; ayer papá se fue con otra señora… Yo no sé para dónde…”.

El niño pobre contestó: “A mí el Niño Dios no me trajo nada, pero mi papá y mi mamá se quieren mucho; mi papá trabaja todo el día, me regaló un blue-jean y unos cuadernos para el año entrante. Esta noche vamos a la iglesia y después nos vamos a comer entre los tres un tamalito con chocolate, que preparó mi mamá y después nos vamos a dormir felices”.

El niño rico replicó: “Cómo quisiera ser como tú: te tengo envidia; para qué juguetes, si papá no está en casa, si ellos no se quieren, si yo vivo triste…”.

Y el niño pobre concluyó el diálogo, diciendo: “¿Y por qué no te vienes a comer tamal con nosotros?.

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