El Papa Francisco esta mañana en la misa matutina en la casa de Santa Marta, en medio de la celebración de la fiesta de San Marcos Evangelista, precisó que el evangelio se debe anunciar con humildad, proponiéndose vencer la tentación de la soberbia.

El Obispo de Roma inició su reflexión diciendo: “Hoy es San Marcos evangelista, fundador de la Iglesia de Alejandría. Ofrezco esta misa por mi hermano papa Tawadros II, patriarca de Alejandría de los Coptos, pidiendo la gracia de que el Señor bendiga nuestras dos Iglesias con la abundancia del Espíritu Santo”.

En su homilía, su Santidad resaltó la importancia de que los cristianos salgan a anunciar el evangelio, además se refirió a los predicadores y aseguró que no deben quedarse quietos, en vez de eso deben estar en el camino.

Fue en el evangelio de san Marcos en el que el Sumo Pontífice se basó y afirmó que hay una instrucción para los discípulos y es proclamar el evangelio siempre en camino, nunca sentados.

“Es necesario salir donde Jesús es desconocido, donde es perseguido, o donde es desfigurado, para proclamar el verdadero Evangelio”, dijo.

Además, el Papa reiteró su invitación a estar en salida para así anunciar por medio de un camino físico, espiritual o un camino de sufrimientos, así como lo hicieron algunos enfermos que ofrecen sus dolores por la iglesia.

El Sumo Pontífice se preguntó sobre el estilo de este anuncio y dijo: “San Pedro que justamente ha sido el maestro de Marcos es muy claro al describir este estilo – y añadió – el Evangelio es anunciado con humildad, porque el Hijo de Dios se humilló y se rebajó. El estilo de Dios es este” y “no hay otro”. Porque “el anuncio del Evangelio no es un carnaval, una fiesta”.

“El Evangelio no puede ser anunciado con el poder humano, no puede ser anunciado con el espíritu de trepar y subir porque Dios se resiste a los soberbios y da gracia a los humildes” afirmó su Santidad.

Sobre otro tema que habló el Obispo de Roma, fue sobre la tentación al anunciar el Evangelio y se refirió más exactamente a “la tentación del poder, de la soberbia, de la mundanidad, de tantas mundanidades que existen y que llevan a predicar o a fingir”.

También precisó que no se debe predicar “un Evangelio aguado, sin fuerza, sin Cristo crucificado y resucitado” y afirmó que siempre surge la tentación, y que quien dice que nunca ha sido tentado es porque tal vez “estamos predicando un evangelio que no sirve”.