El día 16 de enero se realizó la primera Eucaristía del Papa Francisco durante su viaje apostólico en Chile.

Se realizó en el Parque O´Higgins, el cual tenía sus puertas abiertas desde las dos de la madrugada para los feligreses. Además el Papa coronó una imagen de la Virgen del Carmen.

A la luz del Evangelio de Mateo el Sumo pontífice dio su primera homilia, diciéndole al pueblo chileno que Jesús quiere salir a nuestro encuentro, lo primero que hace es ver, mirar los rostros y encontrar los corazones de las personas.

“Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”.

El santo padre hizo énfasis en las bienaventuranzas, diciendo que son el camino al cual estamos invitados y desafiados a caminar. Explicó que estas brotan del corazón compasivo de Jesús, que se encuentran con el corazón de hombres y mujeres que buscan y anhelan una vida bendecida, de personas que saben de sufrimiento, de esos que conocen el desconcierto y el dolor que se da cuando “se te mueve el piso” o “se inundan los sueños”, y todo lo construido se viene abajo. Y aún así más saben de lucha, de salir adelante, de reconstrucción y de volver a empezar.

“¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes! ¡A ese corazón llama Jesús; para ese corazón son las bienaventuranzas!”

El papa dice: Jesús le dice bienaventurado al pobre, al que ha llorado, al paciente, al que ha perdonado, Él nos impulsa a liberarnos de la resignación, a no escapar de los problemas ni de los demás. Qué bien nos hace pensar que Jesús desde el Cerro Renca o Puntilla viene a decirnos: bienaventurados…

“ Sí, bienaventurado vos y vos; bienaventurados ustedes que se dejan contagiar por el Espíritu de Dios y luchan y trabajan por ese nuevo día, por ese nuevo Chile, porque de ustedes será el reino de los cielos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). ”

Continua el sumo pontífice que Jesús dice: bienaventurados los que se comprometen con la reconciliación; los que se ensucian las manos y trabajan para que otros puedan vivir en paz; felices los que no siembran división. “De esta manera, la bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros. ¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz?, trabaja por la paz”.

El Papa recordó al Cardenal Raúl Silva Henríquez, como un gran pastor de Santiago, con las siguientes palabras dichas por el cardenal en el Te Deum Ecuménico, de 18 septiembre de 1977: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia” … Y si alguien nos pregunta: “¿qué es la justicia?” o si acaso consiste solamente en “no robar”, le diremos que existe otra justicia: “la que exige que cada hombre sea tratado como hombre”

“Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien”

El Santo padre finalizó con la oración a nuestra madre: “Encomendemonos a la Virgen Inmaculada que desde el Cerro San Cristóbal cuida y acompaña esta ciudad. Que Ella nos ayude a vivir y a desear el espíritu de las bienaventuranzas; para que en todos los rincones de esta ciudad se escuche como un susurro: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9)”