”He aquí que mi Siervo prosperará, será elevado, será ensalzado y puesto muy alto. Cómo de Él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto, que no parecía ser hombre”
(Is 52, 13-14).

El dolor ante la pérdida

Todos experimentamos el dolor a los largo de nuestras vidas, el profeta Isaías representa el gran dolor del pueblo de Israel sometido al destierro y a la esclavitud. Allí personifica el dolor del pueblo en la figura del Siervo Sufriente del Señor (Is 52, 13-15).

Hubo uno que recibió todo el dolor posible dado al hombre, uno que ya no tenía apariencia humana, a este hombre lleno de dolor, al que le fue quitado todo, su tierra, su familia; a este hombre Dios lo llama y lo pone al frente para que cumpla una misión y le dice: Vas a llevar a cabo un proyecto y tendrás éxito. Así quienes lo habían visto antes lleno de dolor y desfigurado, se asombraron cuando le vieron triunfante.

Un hombre sufriente es escogido por Dios

¿Cómo escoge Dios a un hombre sufriente para cumplir una misión? (Is 42 6-7) Dios pone al hombre en medio del sufrimiento para ser instrumento de la salvación para otro, para que sea señal y signo del pacto con Su pueblo; instrumento de liberación para los que viven en la oscuridad.

El Señor toma a un hombre en medio del dolor para ser signo y le dice que sólo tendrá algunos recursos, no podrá confiar en el dinero, ni en sus capacidades intelectuales, pues frente al dolor esos no son recursos que sean útiles. Al siervo sufriente sólo le servirá el apoyo y la preferencia de Dios.

La misión es ser una imagen del pacto de Dios con su pueblo.

Las herramientas del sufriente

El que sufre tiene el don del Espíritu Santo en medio del dolor, el cual le da unas fuerzas nuevas para entender. Sólo hasta que se vive el dolor se comprende el gran poder del Espíritu Santo para dar consuelo, lo cual es un recurso invaluable. También tendrá el poder Creador del Señor y la certeza liberadora de Su presencia, el constante acompañamiento de Su mano divina. Esa es la promesa dada al siervo sufriente cuando le fue encomendada la misión.

¿Cómo cumplir la misión en medio del dolor?

Los primeros tres pasos son la semilla de la esperanza:

- Abstenerse de imitar la forma cultural como afrontan el dolor de los que no conocen a Dios: Eso significa que el creyente se resiste a responder al dolor como responde el mundo, así que rechaza encerrarse en el dolor y la nostalgia, en el pasado, tampoco recurre al alcohol, ni cree que un clavo saca a otro clavo. Se abstiene de imitar lo que hace una sociedad sin Dios.

- Vencer la tentación de rechazar a nuestro Dios: Es la tentación de dudar, de quejarse. Ese vencimiento será la semilla de cumplir la misión. Cuando surge el dolor se crea un vacío entre la historia personal en el dolor y la idea de que Dios me ama, en ese momento surge la tentación de no ver los signos de Dios en la vida. Hay que vencer la tentación de decir ¿Dónde está mi Dios?

Superar esto es como dejar unas cenizas de una fogata, luego sopla el Espíritu y aviva el fuego otra vez, de modo que hay posibilidad de volverlo una fiesta de vida.

- Reencontrarse consigo mismo y su misión: Ver el otro lado de los hechos y descubrir de forma concreta mis tareas en la historia. El proyecto es más grande que el dolor y el sufrimiento. Yo tengo un proyecto de vida y lo que Dios quiere de mi es que tenga vida plena.

- Redescubrir la presencia de Dios en medio de Nosotros: En la experiencia de Dios puede suceder que por dentro esté llena de comején, que deja la madera bien barnizada por fuera y hueca por dentro, entonces cuando viene la dificultad todo se viene abajo. Esa madera hueca puede estar construida con las falsas imágenes que tenemos de Dios, como milagrero, bombero y otras. En ese momento hay que pedir a Dios que muestre su verdadero rostro.

Una fe errada y descuidada será un tropiezo en la experiencia del dolor. La imagen de Dios real es de un Dios bondadoso y que perdona en el dolor. Se requiere una gran visión de Dios misericordioso para poder concebir el perdón frente al dolor. La experiencia de un Dios Todopoderoso, que puede abrir situaciones y caminos nuevos, que hace brotar nuevas circunstancias donde uno creía que son imposibles. La experiencia de un Dios Fiel, que no te abandona, un Dios que es solidario contigo.

La experiencia de un Dios Santo, la santidad exige compromiso conmigo mismo y con el otro. Dios es Justo y pide y hará justicia y velará conmigo. Dios es más grande que las imágenes falsas que tenemos de Él.

- Releer tu propia historia: El pueblo de Israel tuvo una gran pérdida cuando los enemigos los atacaron y les robaron el Arca de la Alianza, destruyeron sus pertenencias y ultrajaron a sus mujeres. El profeta les dijo entonces, descubran en su historia todo lo que hasta ahora han logrado de la mano de Dios, quien los libró de Egipto y les permitió conquistar esta tierra. En el momento del dolor es necesario reconocer el valor de tu vida, tus sentimientos, ideas, propósitos, logros y conquistas que has tenido en tu historia con la ayuda de Dios, superando así el dolor.

- Abrirse a la posibilidad de algo nuevo: Hacer una afirmación en fe en la vida –Mi futuro ya comienza y vendrán cosas hermosas, que construiré porque mi vida será marcada por las cosas que haré en el nombre de Dios.–

El Señor dice: ¿es que no vez que ya estoy haciendo algo contigo? Así evitamos que el dolor empañe las cosas nuevas que vendrán.

Desde el sufrimiento nace en nosotros una experiencia renovada de Dios.

Yo Yavé, te he llamado en la justicia y te he tomado de la mano. Yo te he formado y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes (Is 42,6)

 

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