En la Iglesia estamos viviendo un tiempo de gozo y alegría por la Resurrección del Señor, el triunfo de la vida sobre la muerte y sobre el pecado. Estamos en el Tiempo de Pascua, en la Eucaristía dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría; de ahí que se enciende el Cirio Pascual que representa la Luz de Cristo Resucitado y que nos invita a vivir un tiempo de esperanza, de júbilo y de gozo para que cada cristiano pueda estar en sintonía y comprender lo que significa la presencia viva de Jesús.

 

 

Este acontecimiento que celebramos como Iglesia nos deja dos grandes invitaciones:

 

  1. Dejar que la presencia de Jesús Resucitado acontezca en nuestra vida. Como cristianos que profesamos una Fe y que creemos en lo que Dios hizo en su Hijo Jesús por amor a nosotros, debemos dejar que sea la misma presencia de Jesús Vivo y Resucitado la que inunde todo nuestro ser (pensamientos, sentimientos y acciones) y que sea Jesús nuestro horizonte y, por consiguiente, el que dé sentido a nuestra vida.

 

Para que esto sea posible y podamos experimentar esa presencia de Jesús Resucitado, debemos tener en cuenta varios pasos: primero una disposición de corazón, es decir, anhelar y desear que Jesús venga a nuestra vida; segundo, un acercamiento a su Palabra en la lectura diaria y meditada; y tercero, un encuentro personal con Jesús por medio de la Oración, la Eucaristía y el encuentro fraterno.

 

Estos tres pasos no sólo nos van a permitir conocer quién es Jesús y qué fue lo que Dios hizo en Él al resucitarlo de entre los muertos, sino que sobre todo nos van a llevar a vivir una experiencia tan profunda de amor con Jesús que vamos a dejar que Él haga su obra en nosotros, es decir que Él acontezca en nuestra vida. En palabras más cortas, es experimentar a Jesús y tomar la decisión de abrirse a la acción de Dios; dejar que Él haga, que Él trabaje y que Él viva y que Él ajuste toda nuestra vida.

 

2. Vivir a la manera del Resucitado. Dice san Juan Eudes, fundador de la Comunidad de los padres eudistas, que debemos ser otros “Jesús” sobre la tierra, es decir, que debemos continuar y completar la vida de Jesús en nuestras vidas. Si hemos muerto con Cristo al pecado y creemos en su Resurrección, entonces debemos dejar que sea Jesús el que viva y reine en nuestras vidas; que Él sea el que dirija nuestras vidas y que podamos vivir como Él lo haría.

 

En palabras de san Juan Eudes vivir a la manera del Resucitado es tener los mismos pensamientos, los mismos sentimientos, las mismas acciones, las mismas intenciones y las mismas disposiciones con que Jesús vivió y pasó haciendo el bien mientras estuvo entre nosotros. En síntesis es dejar que Jesús establezca el Reino de Dios en nuestra vida.

 

Las preguntas que nos debe quedar para reflexionar son: ¿Creo verdaderamente en la Resurrección de Jesús y comprendo lo que este gran misterio significa en mi vida y en mi experiencia cristiana? ¿Quiero que Jesús Vivo y Resucitado establezca su morada en mí? ¿Qué estoy haciendo para dejar que la alegría de la Resurrección de Jesús inunde mi vida, y me permita vivir según los criterios del Evangelio?

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