Mi mamá, mujer sabia y avanzada para su tiempo, nos crió a punta de refranes. De niña no entendí muchos de ellos, pero a medida que fui creciendo se hicieron deslumbradoramente claros en mi mente.

Una de sus muchas luchas conmigo fue la relacionada con afrontar sin mentiras ni excusas las cosas que no hice, tenía que hacer, o no quería hacer. Y tenazmente invirtió en ese esfuerzo muchos años de nuestra vida, la de ella y la mía, para convertirme en alguien franco y frentero. Para ese fin, ella tenía muchísimos refranes, los que titulan este escrito y varios más.

Pero hoy no voy a hablar de mi vida; es que un hecho de esta semana me trajo a la memoria los refranes de mi mamá y el tema.

Una amiga recibió un mensaje muy curioso de un personaje conocido, más no cercano y lo compartió conmigo. Para ambas desató interrogantes por varias razones que no vienen al caso. E hicimos un acuerdo tácito sobre encontrarse al personaje y averiguar más sobre el tema.

Una semana después, me di cuenta que se encontraba con el cristiano en cuestión y lo evitaba; es decir no se atrevió a preguntar nada. Y nos dejó a las dos con una curiosidad terrible. Curiosidad que aún tenemos y sospecho que con ella nos quedaremos ´porque mi amiga, como decía mi mama mató al tigre y le tuvo miedo al cuero.

Le dio pánico enfrentar a esa persona y la posible verdad que de allí surgiera y prefirió quedar colorada cientos de veces, antes que ponerse pálida una sola vez. Pareciera que la curiosidad me atormentara y no, solo que me hizo agradecer a mi mamá su batalla y los años invertidos.

Y por supuesto, generó una reflexión sobre el tema. Nos rodea mucha gente que no sabe decir que no, porque no nos lo enseñan. Y creen que un no, cierra las puertas a un amor o una amistad, cuando por el contrario un no, correctamente dicho puede ser una palabra que afianza y solidifica una relación que se basa en la honestidad.

Y de otra parte, hay que aprender a enfrentar las vergüenzas, las curiosidades y los miedos como las situaciones humanas y naturales que son y no como hechos extraordinarios, que la mayor parte de las veces, no son.

Ahí les dejo la inquietud.