Hace no pocos días me encontraba escuchando una hermosa canción para María, una pareja de esposos amigos míos la compuso hace años. La verdad es de las canciones más hermosas que he tenido la dicha de escuchar, y es por aquella pequeña pero profunda canción que me atrevo a escribir a nuestra madre María.

No es fácil amar a María, ya que siempre nos dicen que el único mediador entre Dios y los hombres es Jesús. Pero no estamos buscando adorar a María, sólo, por así decirlo, reconocer la grandeza de aquel “si” a Dios.

Siempre me preguntan: ¿Qué hubiese pasado si María decía que no? La respuesta es muy fácil: María no dijo que no. La reacción que tuvo fue un gran misterio, ya que ella sabía que estaba jugándose la vida al aceptar quedar embarazada en aquellas circunstancias; recordemos que la ley judía siempre ha sido dura con respecto a las faltas en las mujeres y más aun siendo una mujer comprometida, ya que estar comprometida implicaba pertenecerle a alguien, y el pecado de adulterio se pagaba con la muerte. No creo que haya sido fácil asumir ese riesgo.

A veces creemos que María sólo fue un vientre de alquiler y nada más; pero ser escogida del Señor implicaba comportarse como tal, y es por eso que vemos como al saber que su prima Isabel estaba esperando, fue no a visitarla y darle un pequeño saludo, ella fue a servir como posteriormente lo haría Jesús.

La madre de Jesús no sólo va a ser un ejemplo de servicio, sino también de valor, si valor; para asumir que aquel que estuvo en su vientre y vio crecer tenía que sufrir hasta la muerte por salvar a la humanidad, y más aún cuando a ella se le dijo que “una espada atravesará tu corazón”. No todos tenemos el valor de arriesgar nuestra vida por el proyecto de Dios y además ver sufrir y morir a quien amamos y más aun siendo tu propio hijo.

Pero si creemos que todo quedó y terminó en la cruz, pues no, María aceptó ser la madre de los hombres representados en el apóstol amado frente a aquella cruz que mostraba a su hijo moribundo.

Es por tal razón que podemos afirmar una vez más: COMO TU MARÍA, NADIE. Deja que ella se convierta en tu consuelo cuando sientes que es muy grande la carga o que no vas a poder soportarlo; recuerda como siempre María será un ejemplo de grandeza, de admirable decisión, santa y pura hasta el final ya que ella es privilegiada del amor de Dios.