Tradicionalmente el lunes es un día poco grato. Es volver a empezar después de la pausa del sábado y el domingo. Es, generalmente, el día más largo de la semana y el más difícil.

Con el lunes aprendí a dar gracias a Dios al final del día. Es que uno vive la vida convencida que se la merece, que lo es. También que es un ser aislado y poderoso y eso no es cierto.

Somos frágiles, débiles y dependemos de todo lo que nos rodea. Dependemos de un buen o mal conductor, por ejemplo, o de prestar atención a lo que hacemos y por muchas circunstancias, dependemos de los otros.

Pero bien, hablamos del lunes y de sus dificultades. Me llamó la atención leer en la prensa y escuchar en otros medios, que el lunes 15 de enero fue llamado el lunes azul. Y la explicación era que era el lunes más difícil del año porque este, el año, empezaba realmente ese día.

Entonces, pensé ¿y si fuera jueves 15 o martes 15  o viernes 15, también sería azul? o ¿tendría otro color?

No, lo que sucede es que de la misma manera que el lunes lo saca a uno del descanso y lo devuelve a la rutina diaria, el lunes 15 de Enero acabó con la fantasía de “año nuevo vida nueva y más alegres los días serán” y nos devolvió, abruptamente a  la realidad de las cuentas por pagar, de las nostalgias por los que nos visitaron y se fueron, de las alzas en los precios,  la realidad de la reforma tributaria y los cientos de “hay que” con que se vive en el día a día.

El lunes azul, nos sacó de la fantasía y nos devolvió a la cruda realidad con la que vivimos el día a día.

Eso, en Barranquilla, será hasta que llegue el carnaval que nos pone nuevamente en otra burbuja.