En esta ocasión el evangelista Lucas nos presenta el inicio del ministerio o misión de Jesús, en el cual la Palabra y el Espíritu Santo van a ser la base fundamental de su misión. El evangelista además nos muestra como el ministerio público de Jesús va a ser rechazado por el pueblo judío; pero Jesús deja claro que si ellos lo rechazan los pueblos paganos lo recibirán, para esto se va a valer de la experiencia de Elías y Eliseo.

En muchas ocasiones iniciamos un ministerio o servicio para Dios, pero la base de esto que debe ser a ejemplo de Jesús la Palabra y el Espíritu Santo se nos olvida un poco o en el peor de los casos por completo. Debemos siempre dejar que sea el E.S. el que guíe nuestro ministerio; pero no solo basta eso, sino también dejar que la palabra nos guíe.

A veces las personas creer que sólo basta descubrir el don y luego el Espíritu Santo hace el resto, o creen también que no importa el Espíritu Santo mientras tenga bastante conocimiento; pero déjenme decirles que eso no funciona así. Imagínense que alguien tiene un billete o moneda impreso por un lado ¿crees que podría comprar algo con eso? Lo mismo pasa con nuestro servicio, si no tenemos Espíritu Santo y Palabra no nos va a servir, pero recordemos una cosa: “Cuando quiero ser líder o formador, no basta con abrir la Biblia y ya; sino mas bien hacer un estudio serio de ella”.

Si podemos conjugar estas dos bases en nuestro ministerio, creo que mucha gente no va a aceptar ese anuncio (lo mismo le pasó a Jesús), pero no te desanimes porque al igual que en el caso de Jesús hay mucha gente que quizá no es del “pueblo escogido” (comunidad, parroquia, servidores, etc) que va a estar dispuesta a escuchar el mensaje verdadero y serio de Dios. No te acomodes cuando la sociedad se admira de tu misión (v22), porque tarde o temprano dirás un mensaje de Dios que va a incomodar ciertas maneras de pensar y es ahí que buscarán acabar contigo (v28).

Cada día debemos pedirle a Dios seguir el ejemplo de Jesús en nuestro ministerio, sin buscar agradarle a todo mundo, sino mas bien siempre ser del agrado de Dios.