Desde pequeños hemos escuchado que los tres reyes magos fueron a ofrecerle regalos al niño Jesús que estaba en un pesebre. Esto no es del todo cierto, ya que en el relato de nacimiento del evangelio de Mateo no se menciona ningún pesebre (Mt 2, 10 – 11) y recordemos que estos popularmente tres personajes, únicamente aparecen en dicho evangelio.

Que si son tres, cuatro o algún otro número son lo que menos voy a tratar en este momento, ya que el número de tres se le asoció a los obsequios que nos relata el texto: oro, incienso y mirra. Posteriormente también se mencionó que uno de los “tres” era de raza negra, esto no es un simple detalle, la intención es dejar claro que el reconocimiento del niño Jesús como Rey es universal.

Cuando llegamos a que si son magos o no, podemos decir más claramente que eran sabios de oriente. Se le asocia con magos, ya que están relacionados con la interpretación de sueños, la astrología y la magia, posteriormente la tradición cristiana nos dice además que son reyes por influencia del Salmo 72,10 / Isaías 49,7; 60,10. Los nombres: Gaspar, Baltasar y Melchor fueron colocados en la Iglesia occidental; como ya lo mencioné Gaspar se convirtió en un personaje de raza negra. Fueron considerados los representantes del mundo gentil, en toda su diversidad racial.

Finalmente quisiera detenerme en las ofrendas que le llevaron al niño: Oro, incienso y mirra.

El oro se asocia directamente a la realeza de Cristo; recordemos que cuando nacía un futuro heredero del trono de un rey, se le llevaban regalos dignos de su condición y Jesús para este contexto era claramente considerado Rey.

La divinidad se une directamente con el incienso, ya que este es utilizado en el culto religioso, no sólo nacía un Rey, sino también de origen divino. Por otro lado la mirra, significa no solo la humanidad, sino además el sufrimiento redentor que tendría que pasar aquel pequeño niño.

Creo que cada uno de nosotros debemos ser frente a Jesús un poco más como estos “tres reyes magos”; saber reconocerlo como el Rey de nuestra vida y alabarlo con nuestra vida sabiendo que es nuestro Dios y entregó su vida por cada uno de los que fuimos salvados.