Hemos tenido en esta octava de Navidad varias celebraciones que ambientan este tiempo de gracia para la Iglesia. El 25 de diciembre celebramos la Natividad del Señor, celebración que se prolonga hasta el primero de enero, el 26 la Liturgia nos proponía la fiesta de san Esteban protomártir, el día de ayer la fiesta de san Juan evangelista y hoy la fiesta de los santos inocentes, mártires.

Lo primero que debemos decir es que el evangelio de Mateo es el único escrito que hace mención de los santos inocentes. A ciencia cierta no podemos decir si este acontecimiento tuvo lugar en la historia o simplemente es una figura teológica que nos propone el evangelista, pero tampoco podemos descartar totalmente que haya ocurrido.

El Evangelio de Mateo nos narra de la advertencia del ángel a José: “levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise; porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (cf. Mt 2, 13). Algunas fuentes nos narran que en el año 7 a. C., Herodes mandó matar dos de sus hijos porque presentía que eran una amenaza para su poder. Lo mismo ocurrió en el año 4 con su hijo Antípater. Mirando esto podemos darnos cuenta que a Herodes lo único que le importaba era el poder. Nada raro que haya cometido este genocidio.

Como segundo aspecto tenemos como referencia el texto del Éxodo, pues la figura de Moisés pudo haber servido como modelo para este relato sobre Jesús. Recordemos que el libro del Éxodo nos presenta la orden por parte del faraón de ejecutar a todo niño varón (Cf. Ex 1, 16). Podríamos decir que esta decisión se dio por cuestiones políticas y de poder, ante la amenaza de un pueblo que crece. Así el evangelista también pudo pretender mostrar al destinatario de su obra que Jesús es el nuevo Moisés que ha traído consigo la plenitud de la ley.

La Iglesia venera a estos niños como mártires, pues tal como lo afirmaba San Agustín: “no solo murieron por Cristo, sino en su lugar” (S. Agustín, sermón 10 de los santos). La fecha no tiene nada que ver con la cronología de los hechos, sino que fue colocada en la octava de la navidad, como muestra de que los santos inocentes dieron testimonio del recién nacido. De esto podemos decir, que el mismo Herodes reconoce la realeza de Jesús, pues de lo contrario no habría cometido este genocidio; fue tanto el miedo de perder el poder que quiso eliminar a Jesús y para asegurarlo mando asesinar a todos los recién nacidos.

Por otro lado, celebrar esta festividad es hacernos conscientes de tantos inocentes que sufren el martirio en la actualidad, incluso antes de su nacimiento. Muchos bebés mueren a diario a consecuencia de tantas políticas que promueven el aborto; como solución a la sobrepoblación, el sexo fácil y seguro, el hedonismo y las grandes sumas de dinero que se mueven en esta mafia. Es un día propicio para orar por todos los niños no nacidos, pero también es una oportunidad para predicar a favor de la vida, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.