San Pablo en su Carta a los Romanos nos dice muy claramente: “pues lo que de Dios se puede conocer, ellos lo tienen a la vista, pues Dios mismo se los ha manifestado. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables” (Rom 1:19-20).

¿Es posible conocer a Dios? (CCC 27-43)

Sí. San Pablo en su Carta a los Romanos nos dice muy claramente: “pues lo que de Dios se puede conocer, ellos lo tienen a la vista, pues Dios mismo se los ha manifestado. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables” (Rom 1:19-20). Cuando observamos el mundo y a nosotros mismos, podemos conocer dos cosas, 1) que Dios existe y 2) podemos reconocer algunos de sus atributos divinos. Cuando observamos el mundo y la naturaleza espiritual del hombre, podemos ver claramente que debe existir un ser divino, perfecto, no creado, para haberlos traído al mundo. Estas verdades sobre Dios pueden darse a conocer solamente a través de la razón humana. Nuestra Madre, la santa Iglesia nos enseña que podemos conocer con certeza la existencia de Dios. Por medio de “pruebas,” razonables y creíbles, cada hombre está obligado a reconocer la existencia de Dios y algunos de sus atributos específicos ( incambiable, no creado, puro, espíritu, infinito, etc).
 

¿Quiere Dios que yo lo conozca? (CCC 50-65)

Si. El creó el mundo y nos dotó con inteligencia para que nosotros tuviéramos la capacidad de conocerlo. No solo la creación revela quién es Dios. El fue más allá. Desde el principio de la existencia humana, Dios dispuso hablar a los hombres y revelarse a sí mismo. No lo hizo por una necesidad personal o por un deseo egoísta, lo hizo por una decisión enteramente libre. La creación revela su poder y su grandeza, pero Dios quería que nosotros conociéramos su amor, para nuestro propio beneficio, no para el de EL. Dios vivió entre nosotros (Jesús), para que nosotros lo conociéramos plenamente y ahora, a través del Espíritu Santo, vive en nosotros. Nosotros, al pecar, dañamos nuestra relación con Dios, pero El desde toda la eternidad ha trabajado para restaurarnos, para así poder conocerlo, y amarlo nuevamente con completa claridad y entendimiento.
 

¿Cómo yo sé lo que Dios ha revelado al hombre? (CCC 74-94)

Las dos Fuentes de la Revelación Divina (lo que quiso Dios revelar a los hombres) son las Sagradas Escrituras y la Tradición. La Revelación Divina es un conocimiento al cual no podemos llegar por nuestras propias fuerzas a través de la simple razón; al contrario debe ser Dios mismo quien nos la revela. La Sagrada Escritura es la “palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo” (Dei Verbum 9). En otras palabras, es la Palabra de Dios escrita (la Biblia). La Tradición es la transmisión viva que ha sido transmitida de los Apóstoles a sus sucesores, los Obispos. Algunas personas se refieren a esto como a la parte oral de la Palabra de Dios revelada. Sin embargo, mucho de esta transmisión oral también ha sido escrita y registrada. Para ayudar a explicar este tema un poco mejor: cuando San Pablo fue a las diferentes ciudades, El vivía ahí por un tiempo, enseñando las verdades y el camino de la Fe Cristiana. Todo lo que El les enseño puede referirse como Tradición. Después, los Obispos consiguientes pasaron este mismo conocimiento a sus sucesores. Sin embargo, después que Pablo se fue, El escribía muy frecuentemente cartas a esas mismas comunidades, instruyéndolos en los asuntos de la fe. Generalmente, estas eran cartas dirigidas a asuntos y problemas que las comunidades tenían en relación con temas de la fe, tanto en la práctica como en la creencia. Después, estas cartas fueron parte de las Sagradas Escrituras (Carta a los Romanos, Carta a los Corintios, etc).
 

¿Quién es el que decide lo que verdaderamente significan las Escrituras y la Tradición? (CCC 85-90)

Solamente el Magisterio de la Iglesia Católica tiene el derecho y la responsabilidad de interpretar las Escrituras y la Tradición. El Magisterio consiste del Papa y los Obispos en comunión con El. Este es un don de Cristo para con nosotros.  Antes que Cristo dejará esta tierra, El sopló el Espíritu Santo a sus apóstoles de una manera especial, dándoles el poder de perdonar pecados y “de ser” su presencia en el mundo después de su partida. Conociendo la tendencia de los hombres de apartarnos de la verdad, El nos prometió que aquellos que guían a Su Iglesia, a través del Espíritu Santo, siempre proclamarán la verdad en asuntos de fe y moral. Estos hombres no son perfectos, pero ellos han recibido el poder perfecto de Cristo para poder interpretar la Revelación Divina. En otras palabras, Jesús nos ama tanto que dijo en esencia: “2000 años después que dejé el mundo, Yo me quiero asegurar que ustedes todavía conocen la verdad acerca de mi, es por eso que les prometo que el Espíritu Santo guiará a mis sucesores para que siempre interpreten correctamente lo que Yo he enseñado y revelado. ” Este es un hermoso regalo que Dios nos ha dado para que nosotros siempre podamos estar seguros que tenemos la Verdad a través del Magisterio de la Iglesia.
 

¿Acaso no hay muchas personas que creen diferentes cosas acerca de Dios? Cómo yo sé quién está en lo correcto?( CCC 84-87)

Si simplemente nos fijamos en aquellos que se denominan cristianos, es bien claro que aún entre ellos que profesan su fe en Jesucristo, hay sus diferentes creencias. Es más, todas las denominaciones reclaman estar basadas en la Biblia. Algunas de estas creencias se contradicen directamente. Por lo tanto, lógicamente, algunas tienen que estar incorrectas, pues dos creencias contradictorias no pueden estar las dos correctas. La razón nos puede llevar a las respuestas correctas. Primero que nada, podemos ver que Dios desea protegernos del error – El quiere que nosotros conozcamos su Verdad. Es por eso que El les dio a los Apóstoles y a sus sucesores el Espíritu Santo para proclamar su Verdad correctamente siempre. Nosotros podemos depender que esta protección haya sido la misma por 2000 años. De la misma manera, cuando examinamos las creencias de la Iglesia, ellas tienen una consistencia y coherencia interna que se conforma a la realidad, a la experiencia humana, a la historia, a las Escrituras, y a la razón humana. Muchos han tratado de probar que la Iglesia está “errónea”, solamente para luego reconocer que este hecho solo los ha llevado a su propia conversión. Las creencias de las otras denominaciones cristianas, de un grado menor o mayor, poseen inconsistencias internas en la lógica y no concuerdan ni a la realidad, ni a la experiencia humana, ni a la historia, ni a la Escritura, o a ninguna de esas combinaciones.
 

¿Si Dios escoge revelarse a nosotros, significa eso que ahora el hombre tiene la responsabilidad de responderle a Dios? (CCC 142-175)

Sí,  desde la plenitud de su Amor, Dios invita al hombre a entrar en una amistad con El. Nosotros hemos sido creados y destinados a aceptar esta invitación, y el solo hecho de aceptarla, podemos obtener el cumplimiento perfecto de todos nuestros deseos. Nuestra respuesta justa y razonable debe de ser “la obediencia de la fe” (Rom 1:15). Nada de lo que nosotros tenemos es nuestro– todo es un don de Dios. En amor y en justicia, le debemos a Dios nuestra entera y completa sumisión de nuestro intelecto y nuestra voluntad. Esto significa, que por amor, nosotros libremente sometemos nuestro ser entero a Dios, que quiere amarnos y derramar sus sobreabundantes dones sobre nuestras vidas y nuestros corazones. Esto requiere que nos sometamos a todas sus leyes y mandatos, que se nos han sido dados a conocer a través de su Iglesia, ya que nosotros confiamos que todo lo que El nos pide es para nuestro propio bien y para nuestra verdadera felicidad.
 
Tomado de  la página www.corazones.org