Lo mejor que se ha hecho, es darnos la capacidad de comunicación que nos sirve para relacionarnos entre nosotros, no solo por medio de la palabra, sino también de la mirada y los gestos, los seres humanos somos capaces de expresar pensamientos, opiniones, sentimientos y afectos, de una forma que podemos entablar amistad, fraternidad y relaciones de pareja.

Aunque esto viene con nosotros, hay que desarrollarlo para que podamos comunicarnos efectiva y afectivamente con todas las personas que nos rodean y con las cuales tenemos cercanía, primeramente la familia, los amigos, conocidos y compañeros de los espacios y momentos que vivimos cotidianamente.

Comunicarnos entre nosotros debe pretender que quien nos escucha o nos vea pueda comprender lo que le queremos manifestar, es hacer sentir a las otras personas que somos iguales en todos los sentidos, pero sobre todo en la dignidad que poseemos, es abrir nuestros labios para con claridad expresar nuestros pensamientos o sentimientos, que con nuestros gestos podamos transmitir el amor, la alegría, la calidez, en fin las emociones y actitudes que lleven a las otras personas a comprender lo que queremos manifestar.

Como se había dicho anteriormente el primer paso es tener una comunicación interior que nos permita conocernos para así poder ser claros en todo lo que expresamos de nosotros hacia los demás, para llegar a este punto debemos procurar realizar ese ejercicio de autoconocimiento que nos llevara seguramente a comprender que cada ser humano tiene sus cualidades y sus defectos como nosotros, para así no quedarnos en simplemente dar información, que en muchas ocasiones no es clara y que ocasionan malos entendidos en las relaciones.

A nivel espiritual somos hermanos de raza, pero sobre todo en Jesús, el hermano mayor, por eso estamos llamados a buscar estar en sintonía y armonía con los demás, procurar hacer el bien a todos, sin importar su condición social, política, religiosa, cultural y sexual.

Si nos comunicamos efectiva y afectivamente tengamos la seguridad que nos ayudaremos a nosotros y a los demás para poder llevarnos lo mejor posible, es importante tener paz en el corazón, y esa paz se da en la medida en que respeto y reconozco al otro como un interlocutor válido para mis relaciones.

Procuremos entonces entrar en la onda de la fraternidad universal, reconociendo en cada persona, su valor, su dignidad, pero ante todo su ser hijo de Dios, hermano de raza y ciudadano del mundo. Construyamos buenas redes de comunicación con base en los principios cristianos: respeto por la dignidad humana, solidaridad y fraternidad.

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