Lola, mi perra se la pasa enferma. Me mantiene en un sube y baja extremo emocional y me cuesta en medicinas una barbaridad. Pero por encima de eso está lo que significa cuando llego a mi casa y sin importar que tan malo o bueno haya sido el día, la total felicidad de Lola, sus saltos y el batir insistente de su cola, hasta sonríe cuando me ve.

En otro momento me diría a mi misma: “Mi misma te estás enloqueciendo, los perros no sonríen” Pero hace poco un estudio dijo que sí, que los perros tienen por lo menos 20 expresiones faciales, de manera que sonríe. Ella también tiene la habilidad para darse cuenta cuando necesito un apapacho y entonces se digna lamberme en repetidas oportunidades el cachete o la mano que es su manera de decirme que me ama.

Podría extenderme mucho más sobre la relación amorosa que tengo con Lola o con las gatas con cada una en particular, pues cada una tiene su personalidad y su manera de expresarse. Pero todo este discurso viene porque vi un vídeo de una niñita de unos nueve años a la que le regalaron un perro. Un perrito callejero que no era tan joven. Pero que ella sabía venía de la dureza de la calle y de los maltratos del hombre. Y la nena lo cargó en sus brazos como a un bebé y mientras le rodaban lagrimones por las mejillas, amorosamente le cantaba una canción de cuna.

Eso hizo que también me saltaran a mí las lágrimas y pensé en los papás de esa niña porque la educaron maravillosamente y seguramente le hablaron de los animales con amor, tanto como para que ella sintiera esa gratitud ante el regalo y esa sabiduría para comprender el dolor del perro maltratado en la calle. Y el perro se entregó confiadamente a ese amor y puso su cabeza tiernamente en el hombro de la niña.

Qué bueno sería que todos los niños del mundo tuvieran la oportunidad de crecer cerca a un animal y recibir su amor y su compañía. Asumir las responsabilidades que conlleva una relación que van del uno para el otro, pero también de el otro para el uno. Responsabilidades mandadas desde el corazón y no desde la obligación. Aprenderían respeto, lealtad y amor incondicional. Valores de los que está tan falto el mundo de hoy y que le vendrían tan bien a la humanidad.