II El lenguaje de la fe

170 No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite “tocar”. “El acto (de fe) del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad (enunciada)” (S. Tomás de A., s. th. 2-2, 1,2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más.

Es importante entonces reconocer que no solo se trata de creer, sino que esta fe, tiene que expresarse en las manifestaciones concretas que las fórmulas proponen a nuestras vidas, no se trata de un mero cumplimiento, es decir: cumplo porque toca. Al hacer esto miento, porque no lo hago de corazón, por ejemplo, no dejo de ir a Eucaristía los domingos, porque se me dice que de hacerlo caigo en pecado grave, sino porque sé con quién me voy a encontrar y lo que voy a recibir en esta celebración.

171 La Iglesia, que es “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3,15), guarda fielmente “la fe transmitida a los santos de una vez para siempre” (Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las Palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los Apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe.

Hay que comprender la Iglesia en dos perspectivas, la jerarquía, que por sucesión apostólica y mandato de Cristo, en cabeza del Papa, su representante al frente de la misma, tienen el deber de formar a cada uno de los miembros de esta Iglesia; y en otra perspectiva, debemos pensar como la gran comunidad de creyentes, que dirigidos y orientados por la jerarquía, juntos como Cuerpo de Cristo, nos preocupamos por aprender y conocer la revelación de Jesús en las Sagradas Escrituras, pero también en la Tradición Apostólica y el Magisterio de la Iglesia. En conclusión la Iglesia es Madre y es Maestra a ejemplo de María Santísima, quien fue la encargada de formar a su hijo, como era normal en sus tiempos, sigue siéndolo en la actualidad.

III Una sola fe

172 Desde siglos, a través de muchas lenguas, culturas, pueblos y naciones, la Iglesia no cesa de confesar su única fe, recibida de un solo Señor, transmitida por un solo bautismo, enraizada en la convicción de que todos los hombres no tienen más que un solo Dios y Padre (Cf. Ef 4,4-6). S. Ireneo de Lyon, testigo de esta fe, declara:

173 “La Iglesia, en efecto, aunque dispersada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, habiendo recibido de los apóstoles y de sus discípulos la fe… guarda (esta predicación y esta fe) con cuidado, como no habitando más que una sola casa, cree en ella de una manera idéntica, como no teniendo más que una sola alma y un solo corazón, las predica, las enseña y las transmite con una voz unánime, como no poseyendo más que una sola boca” (haer. 1, 10,1-2).

Cumpliendo el mandato de Cristo a sus apóstoles, la fe cristiana católica, ha llegado a muchos confines de la tierra, la Iglesia en general ha tratado de mantener la unidad en lo que respecta a los principios, dogmas y convicciones, que provienen de la Tradición, esto para que en cada uno de los lugares del mundo donde se profese la fe cristiana católica, haya unidad de criterios, se valore y se respete el mandato del Señor, tengamos claro que ser Iglesia, implica para tod@s un compromiso, ya que somos hijos del Dios Padre, miembros del Cuerpo del Dios Hijo y Morada del Dios Espíritu.

174 “Porque, si las lenguas difieren a través del mundo, el contenido de la Tradición es uno e idéntico. Y ni las Iglesias establecidas en Germania tienen otro fe u otra Tradición, ni las que están entre los Iberos, ni las que están entre los Celtas, ni las de Oriente, de Egipto, de Libia, ni las que están establecidas en el centro el mundo…” (Ibíd.). “El mensaje de la Iglesia es, pues, verídico y sólido, ya que en ella aparece un solo camino de salvación a través del mundo entero” (Ibíd. 5, 20,1).

Por eso se dice que somos Una, en la profesión del Credo, somos Una sola Iglesia, que independiente del lugar geográfico o de la cultura en la cual se desenvuelva, el contenido de la Tradición es uno solo, por lo tanto es importante, en este aspecto mantener la unidad, aunque seguramente en cada lugar, se desarrollarán las particularidades, para que este único mensaje llegue a todos los creyentes.

175 “Esta fe que hemos recibido de la Iglesia, la guardamos con cuidado, porque sin cesar, bajo la acción del Espíritu de Dios, como un contenido de gran valor encerrado en un vaso excelente, rejuvenece y hace rejuvenecer el vaso mismo que la contiene” (Ibíd., 3,24,1).

A lo largo de la historia de la Iglesia, se ha preservado la Tradición, pero dejando que sea el Espíritu Santo, él que renueve en su interior a la Iglesia, para que este mensaje entregado por Jesús a los apóstoles y a los primeros cristianos, siga llegando a los miembros en la actualidad de esta Iglesia viva y resucitada por la gracia de Dios.