Si, las mujeres somos culpables de ser mujeres, de haber creído que somos débiles, ciudadanas de segunda. Somos culpables de educar mal a las niñas para que sigan creyendo eso.

Somos culpables de no tener la fuerza física que nos haga defendernos frente al abuso y a la violación. Somos culpables de ser una mayoría que se deja tratar como minoría en un mundo construido y pensado por hombres. Un mundo que aún en el siglo 21, sigue manejando frente a la mayoría de las acciones y hechos, una visión completamente patriarcal.

Un mundo que dice que las mujeres no son buenas para la ciencia o para las ingenierías, que su deber es ser madres y jefas pero del hogar. Su ocupación es estar frente al fogón y la batea procurando que la comida esté lista y la ropa limpia.

No importa que a la menor oportunidad, las que se han dedicado a la ciencia hayan logrado avances notables o que existan arquitectas que trabajan desde los años 1.400 destacándose por sus diseños, aunque no se les haya permitido el título de arquitectas.

Un mundo en el que mantenemos todavía roles de género que vienen de siglos pasados. Revise un catálogo de juguetes para esta navidad y los juguetes más atractivos son para los niños. ¿Qué hay para las niñas? Muñecas y trastos para cocina, lo de siempre. Y a nosotras nos parece lo más lindo, mira tú.

En España un grupo de hombres abusaron de una chica, la violaron, grabaron la violación y por supuesto la compartieron en redes, todo en medio de una fiesta de un pueblo y ella fue la culpable porque se juntó con ellos, bebió con ellos, se tomó selfies con ellos y el juez del caso dijo que ella estaba muy bien, no tenía daño psicológico porque había continuado con su vida.

En centro América unos policías violaron y abusaron a unas mujeres y aún no ha pasado nada con ellos. En Colombia violaron a una periodista en el 2.000 y hasta el año pasado le habían tomado el pelo con el veredicto. Miles de casos en los que la mujer es cuestionada en su integridad o está, puesta en duda.

Tristemente cualquiera de nosotras está expuesta a ser maltratada, golpeada o violada y la justicia, manejada por hombres o visiones masculinas nos vuelve a victimizar poniendo en tela de juicio la decencia, honradez o intenciones.

Por eso, por la fragilidad, por la menor fuerza física, por los conceptos educativos ambiguos, por la facilidad con que nos cuestionan y nos cuestionamos es que las mujeres somos culpables por el simple hecho de ser mujeres.