Vivimos montados en una patineta que corre velozmente y sin control. En eso hemos convertido la vida. Una patineta que nos lleva aquí y allá y hace con nosotros lo que quiere.

Cuando era niña nos movíamos lentamente. El año que transcurría entre un cumpleaños y el otro era largo, muy largo. Igual con la navidad. Contábamos los días, las semanas, los meses, para que llegaran las vacaciones de fin de año y con ellas, la navidad. Hoy no. Hoy empezamos a vivir los carnavales desde agosto y ni que decir el resto de las fiestas.

Entonces alguien me dijo es que “entre más viejo te haces, el tiempo pasa más rápido” y posiblemente es así. Pero además de la edad que me hace saber que 20 años es nada, también tengo la sospecha que la llegada de la tecnología y la inmediatez a los medios de comunicación y a la vida en general, le han impreso a esta, un toque de velocidad.

Había que esperar la respuesta a una carta por semanas, hoy un mail te llega en fracciones de segundos. Te transmiten en directo cualquier evento y desde cualquier parte del mundo. Recuerdo la guerra del golfo, que gracias a Dios resultó con mal rating, porque si no, tendríamos realitys de las guerras.

Toda esa reflexión para decir, aún siendo una experta en planeación, que soy; me parece muy precipitado montar la navidad desde noviembre. Es como si quisiéramos darle la vuelta rápidamente a la página del año que está terminando y que éste, pasara de una vez. Como si el año nuevo llegara como un San Nicolás cargado de regalos buenos y nos permitiera ser otros y vivir otras vidas.

Nos montamos en la patineta y vivimos las cosas antes de que lleguen, sin disfrutarlas, sin saborearlas. Las vivimos más para mostrar que lo hacemos, que por el goce de hacerlas. No hemos salido del amor y la amistad, cuándo ya cuelgan calabazas y brujas – me gustan más los angelitos, que con ellos crecí- Desde el 1ero de noviembre ya tienen ofertas de adornos de navidad y las vitrinas listas. Compre antes del tumulto, compre, compre. Y obedecemos a esa rueda enorme que es el consumo, que nos está robando poco a poco el derecho a vivir la vida hacia dentro y nos está imponiendo la vida vivida para publicar.

Vivamos cada día a la vez, cada fiesta en su momento y cada instante como lo que es: único, irrepetible y muy, muy nuestro.