En estos días hay una alegría en muchos corazones por el motivo no pequeño de la Pascua, pues se trata del salto, del paso de la muerte a la vida. Digo: “no pequeño” porque con este paso, Jesús nos da a todos mis hermanos y hermanas la capacidad -fíjate bien en lo que digo- de vencer cualquier situación, problema, enfermedad, adversidad, imagino cómo cada una de estas palabras van penetrando tu corazón y más aún cómo tu corazón se va quemando por dentro. Estoy seguro que ya se encuentra ENCENDIDO en el fuego poderoso del Espíritu Santo.

Al escribir estas palabras para ti, el gozo que hay en mi corazón desborda de alegría de manera impresionante, parece que se quisiera salir de mi pecho, todo esto que se produce en ti y en mí es resultado de la victoria de Jesús sobre la muerte. Ahora bien, en medio de este gozo sin precedente que te embarga, quiero liberarte de triunfalismos, me refiero a una visión de la vida muy falsa e inmadura, centrada únicamente en el triunfo, dando a entender entre otras cosas, que en la vida sólo se está para ganar. No te imaginas lo peligroso que es esta manera de ver las situaciones cotidianas, pues de esta manera se anula la capacidad de tolerancia al sufrimiento, fracasos, problemas, etc. Una visión triunfalista, impide ver en los desaciertos que tenemos a diario espacios poderosísimos de crecimiento y libertad.

Alabo y bendigo a nuestra hoguera de amor ardiente: Jesús, porque su Pascua está libre de esta mirada tan infantil (triunfalismo). Quiero en este punto proponerte estas preguntas: ¿qué pasó en Jesús antes de la Pascua?, ¿qué fue necesario para qué Jesús se entregará en la cruz?, ¿Por qué Jesús permaneció en el camino firme hacia la cruz?, ¿De dónde sacó fuerzas Jesús en medio de tanto dolor?. Esta sencilla reflexión que tienes frente a tus ojos, lleva la pretensión osada de responder en forma general a estas cuestiones, no pierdas de vista ningún detalle, pues cada uno, dará dos regalos a tu vida: 1. Gozo, paz, Alegría 2. Motivación para tu camino de crecimiento integral.

Una de las expresiones más frecuentes que percibo en las personas que buscan una orientación es: “seguir a Jesús cuesta mucho”. En estas palabras-para alguno cargada de lamento y pesadumbre- se encierra una realidad necesaria en el camino de ir tras las huellas de Jesús. Ahora bien, hoy me permito dirigirme a todos ustedes para completar la expresión anterior adicionándole que no sólo hay una experiencia de lucha, sino de confrontación interior; difiero sobre la manera de catalogar esta expresión, para mí es una expresión seria que demuestra un trabajo consciente y sobre todo honesto de seguimiento de Jesús.

Estoy seguro que esta experiencia de lucha y confrontación la vivimos muchos de los que reconocemos a Jesús como aquel que da sentido de vida. Pues bien, al respecto tengo una buena noticia; lo que tú y yo vivimos también lo experimentó Jesús en su cuaresma. Te propongo que revisemos juntos la cuaresma de Jesús, seguro que hay una palabra de poder para impactar tu vida y así pasar juntos con él a la victoria total: Pascua.

Mateo 4, 1-11 dice que Jesús permanece en el desierto cuarenta días y cuarenta noches y al final siente hambre: “Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.” V2, eso quiere decir que son días de profundo sacrificio, acompañados de oración intensa. Todo este tiempo de luchar fuerte y confrontación interior lo preparan para la misión nada pequeña de salvarnos a nosotros.

Jesús en este tiempo se apoyó en la oración y ésta tuvo mayor impacto al acompañarla con la escucha de la Palabra: “Más él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” v4. Quiero proponerte que en los momentos de profunda lucha en tu vida los vivas en un constante expandir el corazón: oración, ella es la fuerza del Espíritu y además saciándote de las palabras que impactan tu vida con gozo, alegría y la misma presencia de Dios “Cuando me llegaban tus palabras, yo las devoraba. Tus palabras eran para mí gozo y alegría, porque entonces hacías descansar tu Nombre sobre mí, ¡oh Yavé Sabaot!” (Jr 15, 16) y más aún esas mismas palabras que llenan tu corazón y tu vida “Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna.” (Jn 6,68) Es esa poderosa Palabra que estremece el corazón “si todo esto lo ha hecho mi mano y todo esto es mío? dice Yavé. Pero en quien fijo realmente mis ojos es en el pobre y en el corazón arrepentido, que se estremece por mi palabra.” (Is 66,2).

El tiempo que vive Jesús, sirve para fortalecer su experiencia de hijo muy amado del Padre: “el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente en forma de paloma, y del cielo vino una voz: «Tú eres mi Hijo, hoy te he dado a la vida.” (Lc 3,22) y por supuesto como ya se dijo, lo prepara para la misión que vive más adelante. En este tiempo vivido Jesús luchó y se confronto en su interior, esta batalla lo condujo por un lado a entregarse y a confiar en la hoguera de amor que es su padre, por otro lo endureció para la misión que viene y finalmente le hace comprender la naturaleza humana que en ocasiones se compromete y no siempre cumple.

Guarda en tu corazón esto: tus luchas y confrontaciones también las vivió Jesús, busca en la Biblia cómo él las venció apoyado en la Palabra del Padre y en la fuerza del Espíritu Santo dada en la oración, medita Mateo 4, 1-11. Feliz victoria!!!