Los últimos desastres naturales en el mundo, sin duda, han traído a la reflexión a muchos acerca del cuidado de la tierra o “la casa común” como la llama el Papa Francisco. Vale destacar que enunciados como el calentamiento global, contaminación del agua, cambio climático y la disminución de la biodiversidad, son temáticas que por años hemos escuchado y que suenan bastante ajenos a nuestra responsabilidad.

En el año 2015 el Papa Francisco dio a conocer su segunda carta solemne “Laudato Si” sobre el cuidado de la casa común, refiriéndose a la tierra como: una hermana con la que compartimos y una madre que nos acoge. Partiendo de esta definición, el mundo, y todas sus tragedias, se siente mucho más cercano.

Resulta incoherente, que seguimos avanzando en proezas tecnológicas, crecimiento económico y facilitación de la vida diaria, pero existe un retroceso exagerado en la humanidad, en la solidaridad, la espiritualidad, la bondad, el crecimiento sostenible, la convivencia en armonía, la responsabilidad y la compasión. Poco a poco, estamos sumergidos en una vida menos humana y más consumista y materialista, en una sociedad donde la felicidad se confunde con tener “más”, y donde todos generamos pequeños daños ecológicos y sociales, que sumados dan el resultado que hoy estamos viviendo.

La inestabilidad e inseguridad ambiental y social, favorecen formas de egoísmo e individualismo colectivo, trayendo a colación preocupación no sólo por desastres naturales, sino también, por crisis sociales derivadas de un estilo de vida consumista sostenible por pocos. “Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”. Enciclíca Laudato Si.

El Papa Francisco, propone soluciones bastante sencillas en las que se destacan la disminución del consumo de ciertos productos para modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental; y evitar conversaciones que incentiven el consumismo y el egoísmo común.

Lo cierto es que, hay un hecho innegable: la solución no es sólo la aplicación de técnicas para mejorar el ambiente, sino un cambio de pensamiento y un nuevo estilo de vida. En su encíclica, el Santo Padre cita al profeta Bartolomé quien propone pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir… Aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que NECESITA EL MUNDO.

Oración por nuestra tierra

Dios omnipotente,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

“Necesitamos una acción global para afrontar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países pobres”. Papa Francisco