Con base en el texto de Juan 15,1-2.8 quiero hacer énfasis en un itinerario propuesto por Jesús, utilizando la imagen del viñador y la vid, como camino para ser discípulos que den fruto, es decir que convierten su fe en acciones concretas, tanto espirituales como materiales.

Dice el texto del Evangelio de Juan: Yo soy la vid verdadera y mi padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. (Jn 15,1-2) La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos. (Jn 15,8).

Este texto nos pone en un contexto campesino, donde Jesús se presenta como la vid verdadera, es decir el tronco o la planta verdadera y su Padre el viñador o cultivador. A partir de ello encontramos cuatro tipos de ramas: la primera que no da fruto, la segunda que da fruto, la tercera que da más fruto y la cuarta que da mucho fruto. Notamos un in crescendo, desde el que no da nada al que da mucho fruto, no obstante, este recorrido implica una serie de actividades por parte del viñador, de modo que logre obtener de sus plantas mucho fruto.

Dice el texto, que todo sarmiento que en Cristo no da fruto se debe cortar. El sentido del verbo en griego airei (αιρει) tiene varios significados, entre ellos cortar y levantar. en este caso, más que cortar se entiende por levantar, porque en un viñedo, los sarmientos que están caídos y no dan fruto, se levantan y se cuelgan de modo que puedan dar fruto. Lo que hace el viñador es tomar las ramas que no dan fruto y levantarlas para que den fruto. hasta este momento, las plantas que no daban fruto pasaron a dar fruto. El viñador no se contenta con que sus sarmientos den fruto, sino que aquellos que dan fruto los limpia, los poda para que den más fruto. Ya no es solo que den fruto, sino que den más fruto, pero no contento con este resultado, el viñador lo que busca es que sus sarmientos den mucho fruto, por eso nos dice Jesús en Jn 15,8 que la gloria de su padre es que sus discípulos, es decir sus sarmientos no se queden en dar más fruto sino que den mucho fruto.

Ahora bien, aplicando esta parábola a nuestra vida, El Señor Jesús no quiere que seamos simplemente cristianos sin producir nada. Por eso, Él cuida de nosotros y pone en nuestro camino personas o medios que nos levantan y nos animan a dar fruto. Pero Él no se conforma con que demos unos cuantos frutos, sino que quiere que lo glorifiquemos dando todo de nosotros, es decir, que todo el tiempo sea oportunidad para dar fruto en abundancia.

Unámonos a Cristo, vid verdadera, par que en Él podamos ser testigos del Evangelio, y guiados por su santo Espíritu, hagamos de nuestra fe una experiencia encarnada en la realidad de aquellos más olvidados. Seamos apóstoles de los pobres, de tantos hermanos que pasan necesidades de índole físico, material y espiritual. Que nuestra fe en Jesús tenga como fruto el amor y el servicio. Amén.