En nuestra sociedad hay de moda muchas cosas, entre ellas dejar de comer, limitar lo más posible la comunicación personal, no amar mucho por miedo a ser lastimado, entre otras cosas más. Todas tienen razones válidas para hacerse, pero muchas veces, desde mi punto de vista, tienen un común en su interior y es falta de amor propio. Estamos tan preocupados por encajar en un mundo que olvidamos lo importante, amarnos, mimarnos, querernos.

Estamos ya en la mitad de este primer mes del año, donde empezamos de nuevo, donde tenemos el impulso para iniciar nuevos proyectos, donde soñamos en grande. Que bien estaría incluir dentro de estos proyectos el amarnos cada día más, conscientes que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, que Él nos conoce a la perfección y así nos ama, con virtudes y cosas a mejorar. Entonces si Dios me ama, ¿por qué yo no me voy a amar?.

No es cuestión de orgullos o egos elevados, no, es cuestión de saber quién soy, de conocerme de pies a cabeza, tener claro que es lo que más me gusta de mí, y que quiero mejorar, para sentirme bien conmigo mismo. Es cuestión también de no dejarme afectar por los comentarios de los demás, o por lo que a diario me muestran las redes, los medios, el mundo.

Cuando me quiero de verdad, cuando me amo, soy capaz de irradiar eso, y de trasmitir amor a los demás. Quererse de verdad te lleva a dar todo lo que tienes y más, por tus metas, por tus sueños e ideales, pues tú lo vales la pena, el miedo, puede estar siempre presente, pero no es lo suficientemente fuerte para detenerte en tu objetivo.

Necesitamos querernos más y contagiar ese cariño, que todos seamos felices y orgullosos de nosotros mismos, de nuestros triunfos. Amarse para tener la capacidad de amar, si me amo puedo amar, y puedo entregar lo mejor de mí al servicio de los demás.

Es hora de amarnos, de poner de moda eso de querernos de verdad…