En el primer jueves de mayo, el Papa Francisco celebró la misa matutina en la Capilla de la casa de Santa Marta y con base en las lecturas del día realizó su reflexión. Inició su homilía diciendo: “Existe un resumen de toda la historia de la Iglesia en estos primeros ocho capítulos de los Hechos de los Apóstoles: ‘la predicación, el bautismo, las conversiones, los milagros, las persecuciones, la alegría y también ese feo pecado de aquellos que se acercan a la Iglesia para hacer sus propios intereses’, esos benefactores de la Iglesia que luego al final engañan a la Iglesia como Ananías y Safira”.

Evangelizar es la vocación de la iglesia, cumpliendo con lo que el Ángel pide “Levántate y ve”.
Basado en la primera lectura del día, el Obispo de Roma tomó tres palabras sobre las que reflexionó e invitó a los asistentes a releer en casa con tranquilidad. La primera expresión fue “Levántate y ve”, dicha por el Ángel a Felipe. “Esto es un signo de evangelización”, precisó su Santidad y recordó que la consolación y vocación de la iglesia es evangelizar:

“Pero para evangelizar, ‘levántate y ve’. No dice: quédate sentado, tranquilo, en tu casa: ¡No! La Iglesia siempre para ser fiel al Señor debe estar de pie y en camino: ‘Levántate y ve’. Una Iglesia que no se levanta, que no está en camino, se enferma – añadió – y termina cerrada con muchos traumas psicológicos y espirituales, cerrada en su pequeño mundo de las habladurías, de las cosas… cerrada, sin horizontes”.

La segunda expresión que resaltó el Papa fue “Ve adelante y acércate a ese carruaje”, es una exhortación que recibe Felipe del Espíritu. El Sumo Pontífice explicó que en aquel carruaje estaba “un prosélito de religión judía, eunuco, llegado a Jerusalén para adorar a Dios” que leía al profeta Isaías durante su viaje y añadió que en este relato se puede ver el milagro de la conversión de un ministro de economía, por eso el Espíritu le pidió a Felipe acercarse para escuchar las inquietudes del corazón de cada persona:

“Todos los hombres, todas las mujeres tienen una inquietud en el corazón, buenas y malas, pero existe la inquietud. Escucha esas inquietudes. No dice: ‘Ve y has proselitismo’. ¡No, no! ‘Ve y escucha’. Escuchar es el segundo paso. El primero, ‘levántate y ve’, el segundo ‘escucha’. Aquella capacidad de escucha: ¿Qué cosa siente la gente, qué cosa siente el corazón de esta gente, qué cosa piensa? Pero, ¿piensan cosas equivocadas? Pero yo quiero escuchar estas cosas equivocadas, para entender bien donde está la inquietud. Todos tenemos las inquietudes dentro. El segundo paso de la Iglesia es encontrar las inquietudes de la gente” afirmó el Papa.

Al ver que Felipe se acercó al carruaje, el etíope le preguntó sobre quién hablaba el Profeta Isaías y lo hizo subir al carruaje, es así que Felipe comienza a predicar y las inquietudes del etíope encuentran respuestas esperanzadoras.

“Pero esto ha sido posible porque Felipe se había acercado y ha escuchado” Añadió el Papa.

La tercera expresión que llamó la atención del Papa fue, la alegría del cristiano: La misión y explicó que mientras el etíope escuchaba, Dios trabajaba en él. Así fue que este hombre entendió que era Jesús de quien se refería la profecía de Isaías y así su fe en Jesús creció a tal punto que cuando al lugar donde había agua, pidió ser bautizado. “Ha sido él a pedir el Bautismo, porque el Espíritu había trabajado en su corazón”, explicó el Obispo de Roma, exhortando a las personas a dejar trabajar el Espíritu en el corazón de la gente.

Después del bautismo, Felipe fue a otra parte y el eunuco siguió su camino lleno de alegría. La tercera palabra que el Papa subraya es pues la alegría: “la alegría del cristiano”.
El Sucesor de Pedro concluyó su homilía manifestando su deseo de que la iglesia esté de pie, así como lo hace una madre que escucha y con la gracia del Espíritu Santo, encuentra la palabra justa:

“La Iglesia madre que da a la luz tantos hijos con este método digamos – usemos la palabra – este método que no es proselitista: es el método del testimonio a la obediencia. La Iglesia, que hoy nos dice: ‘Alégrate’. La alegría, el gozo. La alegría de ser cristianos también en los malos momentos, porque después de la lapidación de Esteban estalló una gran persecución y los cristianos se esparcieron por todas partes, como las semillas que lleva el viento. Y han sido ellos en predicar la palabra de Jesús. Que el Señor nos dé la gracia a todos nosotros de vivir una Iglesia así: de pie y en salida, a la escucha de las inquietudes de la gente y siempre con alegría”.