El cristiano en su relación con Dios, vive alabándole y dándole gracias por cada una de las bendiciones que va recibiendo, y es válido darle gracias a Dios por cada triunfo, por cada alegría, por todos esos momentos donde podemos evidenciar la acción y la bondad de Dios. Qué bueno es reconocer que todas estas situaciones, nos son dadas por el Señor y que a Él le debemos dar la gloria por su infinito amor y bondad. Pero, ¿será que en los momentos de tribulación, de tristeza o desolación, tendremos la misma disposición para alabar a Dios y para darle gracias por lo que estamos viviendo? Evidentemente no es fácil reconocer la acción de Dios en esos momentos de tempestad. ¿Cómo darle gracias a Dios por alguna enfermedad, o por una situación que desestabiliza nuestra vida? En los momentos de oscuridad entra a jugar un papel fundamental nuestra fe y confianza en el Señor.

El hombre de fe, el cristiano que confía totalmente en Dios, por su fe, puede reconocer que cualquier situación, sea de alegría o tristeza, tiene un propósito para su vida. No se trata de resignarnos a cualquier cosa, se trata de descubrir, que en cualquier circunstancia Dios está presente y tiene un plan preparado para cada uno de nosotros. Recordemos la historia del valiente Job: él fue hombre bueno, temeroso de Dios y que disfrutaba las bendiciones de Dios. Poseía riquezas materiales y además la bendición de una gran descendencia. Un día todo empezó a cambiar y fue muriendo todo su ganado y perdió hasta sus hijos e hijas. Este hombre en medio de tanta desolación y angustia dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!». (Job. 1,21). Lo interesante de Job en esta historia, no es que él haya tenido riqueza y bienestar, no es que de repente todo lo haya perdido, sino, cómo logró reconocer que todo viene de Dios, que Él es el dueño de todo. Job en un acto de humildad, bendijo a Dios en medio de la tormenta, pudo entender que en cada situación que estaba viviendo, Dios tenía el propósito de hacerle comprender que ÉL no abandona a sus hijos y que por duras que sean las pruebas siempre estaremos bajo su respaldo. Dios bendijo a Job, no solo devolviéndole lo que tenía sino dándole mucho más (Job.42, 12-13).

Quiero invitarte a confiar en el Señor y dejar todo en sus manos teniendo la plena seguridad que por terrible que parezca el vendaval, Dios tiene un propósito para tu vida. El Señor nunca te abandona, Él siempre te acompaña, está presente en cada uno de los momentos que vives. Confía en Él y recibirás más de lo que crees. En otras palabras cambia el chip, mire las situaciones desde otro punto de vista, no dejes que el mal te hunda, al contrario, confía en el Señor y siente la fuerza de Dios que te sostiene y te ayuda a salir victorioso.