Por: Alberto José Linero G. Eudista.

Una de las dificultades más serias que tenemos los seres humanos, en nuestras relaciones interpersonales es que no sabemos escuchar. Tristemente confundimos escuchar con oír. Creemos que percibir las ondas que salen de la boca de alguien que habla es ya escuchar, y eso es solo oír. Para escuchar se necesita mucho más, por lo menos tres elementos:

1. Atención a toda la expresión del otro. Es necesario que mi ser esté todo dispuesto a captar lo que el otro sujeto, desde sus condiciones, me quiere expresar. Todo mi ser tiene que estar a la caza de todo lo que el otro me quiere comunicar. No hay escucha sin  atención

Por: Alberto José Linero G. Eudista.

Una de las dificultades más serias que tenemos los seres humanos, en nuestras relaciones interpersonales es que no sabemos escuchar. Tristemente confundimos escuchar con oír. Creemos que percibir las ondas que salen de la boca de alguien que habla es ya escuchar, y eso es solo oír. Para escuchar se necesita mucho más, por lo menos tres elementos:

1. Atención a toda la expresión del otro. Es necesario que mi ser esté todo dispuesto a captar lo que el otro sujeto, desde sus condiciones, me quiere expresar. Todo mi ser tiene que estar a la caza de todo lo que el otro me quiere comunicar. No hay escucha sin  atención

2. Apertura a su verdad. Para poder comprender lo que me está comunicando el otro es necesario que me abra a su verdad. No puedo escuchar si de ante mano ya considero que lo que está diciendo está equivocado o no vale nada. Escuchar me implica pensar en que lo que dice puede ser cierto y puedo asumirlo como mío. Sin esto lo que hago es oír.

3. Capto no solo el mensaje sino al sujeto que lo dice. La escucha verdadera implica captar al sujeto que nos habla, que se comunica. Sus emociones, sus miedos, sus preocupaciones, sus ideas, sus sueños… su ser. Solo hay verdadera escucha si hay comprensión del otro.

En el individualismo reinante actual, el desprecio por la diferencia, la intensa tarea de homologarnos y hacernos igual por parte de la moda, nos ha llevado a no saber escuchar, a dejarnos llevar por nuestros prejuicios y a no comprender realmente lo que los otros nos dan. Es muy probable que esto explique por qué los grupos, las comunidades de hoy, se ven tan fragmentados y son tan fáciles de deshacer. No hay unidad si no hay comunicación y, no hay comunicación, si no hay verdadera escucha.

Tal vez esto es lo que está pasando en la familia, primera comunidad. ¿Será que eso es lo que hace que haya tantas separaciones hoy? Es probable. Si no hay comunicación no hay adhesión  a compromisos compartidos y claro se termina con compromisos efímeros que no implica a las personas. No se puede ser familia sin una buena escucha. Por eso hoy quiero invitarlos a todos a trabajar en esta actitud, considero que podemos crecer en nuestra capacidad de atender lo que dice el otro, para ello necesitamos darnos cuenta del nivel de escucha que usamos, en qué estamos fallando y cómo podemos escuchar mejor. Esa es la tarea que tú te tienes que proponer hoy.

En el ámbito de la fe, escuchar activamente es la actitud que tenemos que tener con el prójimo e implica misericordia, compasión y una militancia decidida en el proyecto de Jesús.