Si quieres experimentar qué significa ser una persona renovada, lo primero que te propone la RCC, es que inicies un camino de conversión personal, madurando tu fe y continuamente anhelando estar en relación con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Es el Espíritu Santo quien inicia en nosotros esta vivencia, es quien nos conecta con Jesús, a través del cual se da cumplimiento de la promesa, que Dios Padre hizo a la humanidad, por esto es fundamental tener ese encuentro con Cristo Vivo y Resucitado.

Con toda seguridad que el primer fruto, que el Espíritu Santo con su poderosa acción trajo al corazón de los apóstoles en Pentecostés fue un encuentro nuevo, vivo y palpitante con Jesús de Nazaret, a quien ellos habían visto morir crucificado, pero que Dios lo había resucitado con su poder, ahora glorificado a la derecha del Padre, es bastante complicado entender esto, pero la nueva dimensión en que Jesús se relaciona con sus apóstoles, por la acción del Espíritu es majestuosa, es grande, ya que aunque ellos habían compartido con Él durante mucho tiempo, tienen un encuentro que les va a permitir comprender muchas de las cosas que vivieron a su lado, y que en su momento no tenían la capacidad para asimilarlas.

El Espíritu les permite “conocer” de una manera nueva, como no lo pudieron hacer antes a ese mismo Jesús que convivió con ellos, seguramente encontraron sentido a muchas de sus palabras, comprendieron muchas de sus acciones y entendieron eso que él afirmaba de ser Hijo de Dios, que Dios era su Padre, la experiencia fue tan fuerte, tan excepcional, tan convincente, que se entregaron totalmente, dando la vida para anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, aunque eso les costara la muerte, para ellos eso era ganancia.

Entendieron eso de que les “enviaría al Paráclito, el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad”, que por medio de Él recordarían lo que Jesús les enseñó, que no tendrían miedo de hablar cuando los llevarán a los tribunales, tuvieran que defenderse, este encuentro con el Resucitado, les permitió descubrir procesualmente el misterio de la Santísima Trinidad, asimilando que Dios es Padre, pero también Hijo y que el Espíritu mismo es persona.

Se esclareció en sus mentes el misterio de la pasión de Jesús en la cruz del calvario, como con la entrega de su vida, se hizo víctima de expiación, por los pecados de los hombres de todos los tiempos, salvando a la humanidad entera de la muerte definitiva, dando esperanza para encontrarle mayor sentido a la existencia de los seres humanos.

Por eso en la RCC, es vital propiciar ese encuentro nuevo con Jesucristo, es el punto de partida del proceso de conversión personal, que todo creyente debe tener para caminar en una entrega total a Jesús y al Padre, por eso también es importante declarar que Jesús es nuestro Salvador, nuestro Cristo, nuestro Señor, confesarlo no solo con los labios, sino con toda la existencia, dando testimonio de que le pertenecemos a Él por completo.

Este proceso de conversión personal, debe ser radical, continuo, ya que no será en un solo día que podremos crecer en el conocimiento y en la fe en Cristo Jesús, sino que siendo perseverantes con él, podremos madurar en la fe y en el amor, para dar testimonio de que está Vivo y Resucitado en nuestros corazones.

De esa misma forma es importante revisar cómo está, ese proceso de conversión a Cristo, en cada una de nuestras vidas, pidiendo por el Espíritu que podamos tener ese encuentro vivo y palpitante continuo en nosotros, para crecer en Jesús y como a los apóstoles dejar que nos transforme.