Hola les habla el Padre Orlando Castro Bustillos sacerdote eudista, y hoy vamos a hablar del jueves santo, este día es donde comienza el triduo pascual, es un día muy importante, el dia de la institución de la Eucaristía, Jesús que se ofrece como pan vivo bajado del cielo, y en donde se instituye el sacerdocio.

Jesucristo es el sacerdote por excelencia y nos constituye a los bautizados también como sacerdotes, a través del bautismo nosotros también nos consagramos y hacemos parte de su pueblo santo y somos sacerdotes, profetas y reyes, es algo importante para la iglesia, es también una importante fecha. La Eucaristía banquete celestial, es el banquete donde participan todos los hijos de Dios, y que son invitados a participar del reino de los cielos. También ese día es el día del amor, es el día de la gracia, es un día maravilloso donde Jesucristo dice que nos amemos los unos a otros, como él nos ha amado.

El jueves santo significa también amor, fraternidad, gozo, alegría, compartir, la mesa del compartir, el banquete de la fraternidad. Ese día es espléndido, porque es el día donde también podemos decir ¿por qué no? nace la Eucaristía para la iglesia, nace la experiencia maravillosa de compartir el pan junto con los hermanos. Es un día de gracia, donde el sacerdote es constituido por Jesucristo, donde se da es mandamiento del amor y se dá el comienzo del triduo pascual, empezamos el jueves, viernes y sábado, pero este jueves es marcado por la gracia de Dios, “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” dice el Señor.

El jueves se nos ha quedado también marcado en la historia, en la mente en el corazón, como el día en que Jesucristo se ofrece como pan vivo bajado del cielo. ¡Que bueno! que nosotros podamos entender el comienzo de esta semana santa, ¡que bueno! que nosotros podamos entender que el Señor se queda con nosotros en un pedazo de pan, que se queda para compartirlo con nosotros, el que come de su cuerpo tendrá vida eterna. Yo creo que todos los cristianos, los que tenemos una experiencia maravillosa con el Dios vivo, con el Padre, con el Espíritu, tenemos una oportunidad de compartir ese pan que es la seguridad del alma, del cuerpo, la seguridad de la casa, de la familia, se parece mucho cuando el papá lleva y comparte todo lo que ha ganado con la familia, cuando reúne a la misma en torno a mesa. Pero esta experiencia es diferente, es mucho más grande, este banquete es extraordinario, en este banquete participan todos los hijos de Dios y toda la humanidad está llamada a participar de este banquete también, por esto es importante este día. El jueves se nos ha quedado como lo dije anteriormente en el corazón, ya que de allí en adelante no va a poder el ser humano estar sin el pan vivo.

Cada día que vayamos a la Eucaristía se nos recordará esa cena, ¡preparen una cena! ¡preparen un lugar!, nosotros debemos preparar ese lugar en el corazón, ya que este se prepara para recibirlo, para una gran experiencia personal, de amor, de misericordia.

Es la gran misericordia que Dios tiene con el ser humano “Yo me quedaré con ustedes hasta el fin de los tiempos, y ya no me iré mas, no los dejaré solos porque yo soy el Señor”. Quiero decirles entonces que empecemos con pie derecho la semana santa, que empecemos con pie derecho esta experiencia de amor, no podemos olvidar que Jesucristo se queda y nos ama y constituye a personas como a ti, como a mi sacerdotes, en este caso a los que estamos consagrados nos constituye sacerdotes especiales del altar, para repartir ese pan a los hambrientos, para repartir ese pan a los necesitados, para repartir ese pan a los que están preparados para entrar a la fiesta, al banquete de la boda. Creo que no podemos dejar pasar este día, ya que es el comienzo de una nueva historia, de un nuevo concepto de amor, de una nueva ley en el amor con Jesucristo que nos ama, que nos libera, y que nos da vida nueva. Vida en abundancia para toda la humanidad.

No solamente los cristianos estamos llamados a participar del banquete, un día cuando toda la humanidad en plenitud consiga estar en al presencia del Señor, sea que camine en esta tierra , sea que el Señor los llame en cualquier momento de la historia, entonces todos por igual, compartiremos esa mesa, estamos invitados a participar en el amor, por su puesto en la fraternidad, en el compartir, en el ágape maravilloso que Dios nos tiene preparado en el reino de los cielos.

¡Padre nuestro! te amamos, te bendecimos, te adoramos, por esta gran experiencia de amor, por esta gran experiencia misericordiosa que has tenido con tus hijos, nosotros te alabamos, te bendecimos, porque Jesucristo es el pan vivo bajado del cielo y ha dicho que quien coma de su cuerpo y beba de su sangre tiene vida eterna y será resucitado en el último día. Nosotros creemos que es así, por eso te adoramos en el Santísimo Sacramento del altar, por eso cada jueves de la historia, cada semana te adoramos en esa exposición que se hace en todos los templos del mundo, porque tu dijiste que te quedabas con nosotros, y nosotros lo creemos y la experiencia que tenemos no la cambiamos por nada en el mundo ni por el oro, ni por plata, ni por esmeraldas, ni por lo rubíes. No podemos cambiar esta experiencia, por algo que se corroe, por algo que se lo roban, nadie nos podrá robar una experiencia tan maravillosa de amor, como es tu presencia, tu misericordia, tu banquete, tu amor. ¡Te alabamos!, ¡te bendecimos! y te adoramos porque no hay Dios tan grande como tú. Amén Señor.