Jesús no se la pasó convenciendo a la gente que crea en él. Jesús vivió de una forma tan apasionante y admirable que la gente le creía y le seguía. Hoy muchos de los que nos llamamos ‘Iglesia’ nos pasamos la vida convenciendo a la gente que crea en Jesús, cuando quizá, lo que nos toca hacer, es pasarnos la vida viviendo como él. Pero ten cuidado, piénsalo bien, vivir lo que está a continuación del texto puede ser muy peligroso. A Jesús le costó caro. Le costó la vida.

1) Rompía el molde

Jesús era diferente. Su hobbie era romper esquemas. A muchos les rompía la enfermedad (suegra de Pedro), a otros el sentimiento de inferioridad (mujer adúltera), a otros les rompía el anonimato ( el ciego Bartimeo), a otros el miedo (Pedro sobre las aguas), a muchos les rompía el hambre (multiplicación de los panes), a otros les rompía las fronteras (mujer samaritana), a otros les rompía sus leyes un sábado por la tarde (fariseos), a otros les rompía la vergüenza de haber organizado mal una fiesta (Bodas de Caná). En fin, la lista es interminable. ¿Por qué lo hacía? Para romper con todo lo que estaba rompiendo la felicidad de las personas. Eso lo hacía diferente. Eso lo hacía atractivo para muchos y peligroso para otros. Pero preocuparse tanto por la felicidad de los demás, lo hacía único para todos.

2) Vivía lo que decía

Su vida era su mejor discurso. Sus palabras eran como los subtítulos que vemos en las películas para comprender lo que estamos viendo. El idioma del amor hasta el extremo era sumamente extraño. Sus palabras ayudaban a que las personas entiendan lo que veían en cada milagro y cada comida, en cada gesto y en cada broma , en cada mirada y cada caricia, en cada acción y en cada reacción, con cada acercamiento y cada silencio. Su vida era fuera de serie. Vivía lo que pensaba, pensaba lo que sentía, sentía lo que soñaba, y soñaba lo que vivía.

3) Era muy arriesgado

Ese Señor Jesús era un tipo atrevido. En su época todo se manejaba por el “status” que tenías, si te juntabas con personas de buen “status”, el tuyo se mantenía o subía, si te juntabas con personas de mal “status”, el tuyo bajaba. Si esto pasaba, no tenías acceso a préstamos de dinero, a beneficios sociales, a puestos de trabajo etc. Este Señor Jesús se sentó con enfermos, prostitutas, cobradores de impuestos, extranjeros, inmigrantes, discapacitados, habitantes de calle, drogadictos, analfabetos, es decir “los diferentes”, los que nadie quería juntarse con ellos por temor a perder el famoso y venenoso “status”. Lo más impactante es que no los ayudaba por buena gente, él decía que eran sus hermanos, los trataba como su familia, mejor dicho, para Jesús eran su familia. Esto puso en alerta roja a las autoridades del momento que enviaron varios memorándum a Jesús para que detuviera todo lo que hacía y deje de alborotar el status quo de la sociedad. Jesús no hizo caso. Lo arriesgó todo. No dejó que nada lo detenga. ÉL sabía que lo que estaba viviendo iba enseñarnos a vivir como todos en el fondo soñamos vivir. Por desobediente a las amenazas, lo llevaron hasta la muerte. Por obediente a su propósito, lo seguimos hasta hoy.

4) Era el maestro de los sin maestro

Cuando sabemos algo que pocos saben, nos encanta que nos consulten. Se siente sabroso. Soñamos con enseñar, dar clases, dar talleres, dar discursos de la ONU frente a los presidentes del universo, dar una conferencia TED’x, hasta dar el discurso de agradecimiento por haber ganado el premio Oscar a la mejor película, todos alguna vez lo hemos practicado. Sin embargo, Jesús, que sabía demasiadas cosas que pocos sabían, solo soñaba con dar. Nada más. Lo más extraño de ese hombre es que si quería un verdadero cambio social debió compartir su sabiduría con las autoridades y las personas importantes de la época que definen el futuro de la sociedad. Sin embargo, su público favorito eran los pescadores, los campesinos, los analfabetos, los jardineros, los artesanos, los carpinteros. Justamente se convirtió en maestro de todos ellos. Lo hizo utilizando una técnica fabulosa llamada “Parábolas” (Del Latín: Explicar sin hacerte bolas) que consistía en compartir un mensaje para la vida de la gente, usando el lenguaje de la vida de la gente. Los amaba tanto que quería que todos entiendan todo, para que sonrían, disfruten, se alegren, bailen, canten, miren al Cielo y vean a Papito, miren al costado y vean a su hermano, miren al espejo y vean un milagro.

5) No buscó volverse Viral

Aquí está la clave. No quería ser el centro de atención. No buscaba followers. No deseaba likes ni compartidos. No soñaba con millones de views en YouTube. No quería fanáticos. No quería hinchas. Él solo quería ser hermano de todos. No quería que lo elijan. Quería elegir al amor como el motor de su vida. Su fin último no era que la gente crea en él, más que eso les enseñaba a creer en ellos mismos. Jesús se la pasó amando hasta el último suspiro. Ni siquiera formó a sus discípulos como la élite que continuaría el proyecto, esa no era su intención, él no utilizaba a las personas, menos a sus amigos. ÉL amaba, él compartía, él sonreía, él pensaba en todos, él bromeaba, lloraba, sufría, se peinaba, se dormía, se ilusionaba. Él parecía un mago: Desaparecía fronteras, desaparecía resignaciones, desaparecía miedos, desaparecía prejuicios, desaparecía pesadillas, desaparecía hambre, desaparecía sed, desaparecía desesperanza, desaparecía muerte. Y hacía que la vida aparezca, que la fraternidad, solidaridad, compasión, justicia, paz, empatía, esperanza, fuerza, amistad, aparezcan como nunca antes se habían visto. Su truco más sorpréndete consistió en aparecer a un Padre que nos ama y a unos hermanos para amar. Ese mismo fue Jesús, una persona que se dedicó a seguir la felicidad de la gente. Quizá por eso tienen tantos seguidores al día de hoy. Y todo esto, sin tener Instagram.