En el camino de la vida, son muchas las batallas que debemos librar, y hay ocasiones que nos sentimos sin fuerzas, que todo se oscurece, que nada tiene sentido, pero ahí, en esos momentos siempre aparece una luz que ilumina el horizonte. Esa luz es Jesús de Nazaret, Él batalla con nosotros y siempre nos levanta a pesar de sentirnos abrumados, porque mientras tengamos fe siempre habrá esperanza.

Dios es el Señor de las promesas cumplidas, por eso cuando Jesús le dijo a sus discípulos “yo les aseguro que estaré con ustedes hasta el final del mundo” (Mt. 28,20), no fueron palabras al viento, sino que fue la garantía no solo para los de su tiempo, sino también para nosotros que no estamos solos, que Él hace parte de nuestra historia, no como un agente que solo mira desde afuera, sino que es Él con nosotros batallando cada día, es su brazo poderoso el que nos levanta y nos ayuda a cruzar el mar de nuestras tristezas y dificultades, es Él quien en esos momentos de desierto nos cobre con la nube de su amor y en la sequía de nuestra alma, está ahí para darnos a beber como a la samaritana del agua que quita la sed para siempre.

Hermano y hermana que lee este mensaje: en el nombre de Jesús te digo, ¡no estás solo ni sola! El Señor Jesús, el que todo lo puede, el hijo santo de Dios está ahí, Él te lleva en sus brazos, porque tu eres la perla preciosa de su amor. Tu vales la sangre de Cristo, no hay nada ni nadie que pueda pagar por ti lo que Él hizo, dar su vida en la cruz solo por ti, porque te ama, porque eres la obra perfecta de su creación.

Levántate y sé valiente, “toma toda la armadura de Dios, para que pueda resistir en el día malo, y estar firmes, habiendo acabado todo”. (Ef. 6,13). Quiero que sepas que él siempre pelea por ti y que siempre está ahí, confía en Jesús y sabrás que el Señor es tu aliado de camino, tu baluarte y tu fuerza en las batallas de la vida.

Ora con esta canción: