

En la celebración del congreso de Pentecostés 2013, momentos llenos de unción, alabanza y oración tuvieron lugar con la tercera enseñanza que Dios envió por medio del padre John Mario Montoya, quien, con base en la Palabra de Dios, en Hechos de los Apóstoles 2, narró las maravillas ocurridas a un grupo de hombres y de mujeres que estaban reunidos junto con María aquella mañana de Pentecostés.
El padre José Gregorio Rodríguez, sacerdote de la Congregación de Jesús y María – Padres Eudistas, también acudió a la invitación expresa del padre Diego Jaramillo para entregar su enseñanza en la gran Fiesta de Pentecostés 2013 “Santificados por el Espíritu”.
Padre Javier Riveros, CJM
Director Emisora Minuto de Dios
¡Qué regalo tan grandes nos dio el Señor! Vivimos un verdadero Pentecostés, una gran efusión del Espíritu Santo, en los distintos momentos de predicación, de alabanza, de oración, en la Eucaristía, con la oración que presidió el padre John Mario Montoya de efusión de Espíritu Santo. Realmente los que estuvimos allí fuimos conmovidos y tocados de una manera maravillosa y especial.

Un ambiente lleno de gozo, alegría y mucha fe se dio inicio al momento más significativo del encuentro de todos los católicos, con una gran mancha blanca de pañuelos le dieron la bienvenida al Santísimo, a Jesús en persona, un momento donde los asistentes tuvieron la oportunidad de tener un encuentro personal con el Hijo de Dios, un momento para bendecir y glorificar su nombre, donde le rindieron al Rey de reyes su corazón.
El padre John Mario Montoya, sacerdote Eudista, llegó a Bogotá por la gracia de Dios para dar su testimonio, comunicar la Palabra del Señor, renovar las mentes y corazones de muchos fieles venidos de diferentes partes del país. De una manera sencillla, amena y calmada sembró en cada corazón su enseñanza y empezó con la invitación a levantar las manos hacia el cielo “como lo hace un hijo para colgarse de los brazos de su padre o de su madre”. Una seguridad que da el Señor al sentirse en su presencia y por eso había que abrir los labios para expresar el amor hacia Dios, regalarle una palabra de bendición, para alabarle, para adorarle.