El ciego Bartimeo arroja su manto y da un saldo y llega donde Jesús. Es un acto de renuncia y de liberación pero a la vez de fe en Jesús, el Señor. El manto tiene un significado muy importante en el contexto bíblico: Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol. Porque eso es su única cubierta; eso es su vestido para cubrir su cuerpo.

Saben que el relato de Bartimeo (Marcos 10,42-56) me gusta, de hecho lo he comentado aquí en este oracional muchas veces, pero hoy vuelto a compartir con ustedes un dato que me parece iluminador para este día: El ciego Bartimeo arroja su manto y da un saldo y llega donde Jesús (50). Es un acto de renuncia y de liberación pero a la vez de fe en Jesús, el Señor. El manto tiene un significado muy importante en el contexto bíblico: Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol. Porque eso es su única cubierta; eso es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué más ha de dormir? Cuando él clame a mí, yo le oiré; porque soy misericordioso. (Éxodo 22,25-26).
 
Este hombre ante la invitación de Jesús deja todo lo que es valioso para El pero le impide encontrarse con el Señor. Creo que eso es lo que muchos tenemos que hacer para que El Señor sea el dueño de nuestra vida. Aprender a renunciar y “a dejar ir” es uno de los caminos que conduce a la madurez y al verdadero encuentro con Cristo Jesús. Muchas veces somos incapaces de dejar aquello que nos está dañando y que nos impide ver la realidad desde el corazón de Dios. Se necesita libertad y decisión. Cuántos de los que me leen están sufriendo por una persona que les dijo que la relación había terminado, o porque perdieron “algo” que consideraban muy importante, a ellos debo decirles que es necesario tratar de comprender porque se dan estas experiencias y abrirse a las nuevas posibilidades que la vida les trae. Eso fue lo que hizo Bartimeo, no lloro por dejar el manto sino que se abrió a la bendición que se hacía presente en Jesús. Esa es la fe, ser capaz de dejarlo todo para entregar el corazón a Dios. ¿Cuáles son las renuncias que tendrías que hacer tú? ¿Estás aceptando con inteligencia y sabiduría las pérdidas que has tenido en tu vida? mejor.