Esta controvertida fiesta, que tantos católicos atacan, que muchas iglesias condenan y ante la que yo, personalmente, no me siento atraído. Debe detonar en nosotros como seguidores de la propuesta de Jesús, una reflexión que vaya más allá de la norma, de lo prohibido o de lo permitido. Nos debe invitar a pensar en lo profundo de esta sociedad, que muestra nuevas caras, muchas de ellas enmascaradas.

La psicología de las masas, se ve en su máxima expresión entre las personas, que en medio de la oscuridad y cubiertos detrás de máscaras, se sienten indestructibles, toman sus armas de juguete y son capaces de parar autos, enfrentar otros, monstruos disfrazados. Otros que dan saltos desaforados, gritos, algunos de ellos (posiblemente los más atrevidos) lanzan huevos de forma impune.

Pero es interesante imaginar, a estas mismas personas a la luz del día, sin máscaras y dando la cara a una vida real. Imaginen a estos súper héroes en la vida real, parando el tráfico para que una persona con alguna capacidad diferenciada cruce una calle, sin tener que batallar sola. O dando gritos y saltos para entretener a niños que por enfermedad o necesidad, se les arrebató la oportunidad de sonreír o jugar y usando los huevos para hacerles una comida.

Por esto creo que este Halloween Jesús también se va disfrazar, pero se va a disfrazar de la necesidad que tiene tanta gente, a la que no le interesa la prohibición o no de una fiesta, pues hace mucho que no se permite un momento de diversión. Se disfrazará también de niño, que ve pasar a toda la gente con fastuosos adornos y carísimos maquillajes y se pregunta, ¿cuántos días habría comido yo con ese mismo dinero?.

Si Jesús se disfraza de la necesidad de nuestro prójimo, ¿es posible que nosotros nos disfracemos de respuesta a esa necesidad? Si eres capaz de criticar y hasta sentenciar a todo aquel que se une a una fiesta, que no es de tu agrado. Estoy seguro que con la misma intensidad, podrías mirar hacia donde hay una verdadera necesidad, es sólo cambiar el foco y mirar a donde en realidad importa e intervenir. Y si eres de los que, bajo cualquier argumento, hace parte activa de esta fiesta, estoy seguro que este año puedes cambiar la máscara de tu villano favorito y ponerte la capa de un súper héroe y sacarle una buena sonrisa a un niño que gusta del personaje.

Ser mejor cristiano es no apuntar la paja en el ojo del vecino, sino ser capaz de ver la viga de la injusticia social, que no sólo se reduce a un día al año, es nuestra constante. Focalicemos los esfuerzos en común para darle un mejor momento a una persona que lo necesite: dentro de tú casa, en la calle en la que vives, en los hospitales o cárceles. Es posible detonar de esta forma una cadena de favores que sí tenga el potencial de cambiar una sociedad, si esta actitud es constante y perseverante. Atiende al Jesús disfrazado.