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Decir  que María es Madre de Dios es parte de la fe de todos los cristianos católicos.  Esta verdad  fue proclamada dogmáticamente en el año 431  en el Concilio de Efeso y es el primer  dogma Mariano. Negar que María sea madre de Dios es negar que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. A pesar de que Dios no necesitó tener una madre porque El da origen  a todo lo que habita en el Universo, El por amor a la humanidad quiso hacerse uno como nosotros.
 
La imagen de María como  madre de Dios la presenta San  Lucas  1, 39 – 45 en la visitación cuando  Isabel Exclamó movida por el Espíritu Santo “Madre de mi Señor”.
 
La Maternidad de María fue también afirmada por otros concilios universales, como el de Calcedonia (451) y el segundo de Constantinopla (553).  En el siglo XIV se introduce en el Ave María la segunda parte donde dice: "Santa María Madre de Dios". En el siglo XVIII se extiende su rezo oficial a toda la Iglesia. El Papa Pío XI reafirmó el dogma en la Encíclica Lux Veritatis (1931). El concilio Vaticano II recogió en un capítulo de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, el octavo, la doctrina acerca de María, reafirmando su maternidad divina. El capítulo se titula: "La bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia".  Juan Pablo II consagró en 1.984 al mundo a la madre de Dios y Benedicto XVI dijo que: “Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.”  Como se puede ver además del sustento bíblico a lo largo de  la historia de la iglesia se han  escrito y presentado documentos que ratifican que María es la madre de Jesús.
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