La vida vivida da una perspectiva diferente de los acontecimientos, es como se dice en términos televisivos, la posibilidad de observarla desde un gran plano general que se va cerrando a medida que la gente es más joven. Por eso, diría yo, que los niños ven en un plano muy cerrado en el que solamente caben ellos y sus “yo quieros”.

Pues bien, desde esa posición pude mirar la visita del Papa Francisco a Colombia. Debo decir que contabilizo ya siete Papas. Pio XII, Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II Benedicto XVI y Francisco. A Cada uno con más conciencia de su accionar que al otro.

Por supuesto que a Juan Pablo y a Francisco los he vivido muchísimo más claramente y también muchísimo más analíticamente. Francisco es sin duda mi héroe. Sin demeritar el trabajo de ninguno por supuesto. Pero es que Francisco predica con el ejemplo, con su cercanía, con ese salirse del protocolo tan suyo, que lo lleva a abrazar, bendecir, saludar, sonreír lo mismo al pobre a la vera de un camino que al poderoso jefe de estado.

Tiene una forma tan sutil de decirle al pan pan y a l vino vino, sin ofender, sin agredir pero con claridad meridiana. De la misma manera que ha manejado todas las situaciones humanas que ha tenido que dirimir y las más difíciles, solamente apoyado por su sentido de misericordia, que es lo que Jesús enseñó. No siendo el juez, no dando palo y rejo no señalando. Solo hablando desde la misericordia.

Se bajó de los lujos y esplendores, no hace homilías largas, cumple sus jornadas de manera impecable. Sorprende por su dinamismo y disposición para cumplir con sus compromisos sin dar muestra de cansancio, fatiga o fastidio.

Habla de paz, perdón y reconciliación. De construir juntos y todo ello a un país que lleva mi edad y esos mismos siete papas, matándose. Matándose porque tú eres rojo y yo azul, porque eres de derecha y yo de izquierda, porque defiendes los derechos humanos o eres sindicalista, porque eres cura y dices la verdad, o por dos mil pesos. Matándose por el gusto de matar, porque no haces lo que yo digo.

Ojalá ese mensaje de paz, reconciliación y perdón supere la campaña electoral que se avecina y a tanto ego revuelto que camina por las regiones colombianas. Ojalá ese ejemplo de amor, misericordia y ternura de Francisco no haya sido solo la efervescencia de su visita y entendamos que esa es la única manera que tenemos de seguir adelante, construyendo una sociedad más justa para todos. Ojalá podamos seguir caminando sin dejar que nos roben la alegría o la esperanza.