No es que yo sea un gran fanático de este color en específico, es más el equipo de fútbol que menos me gusta usa ese color en su camiseta. Sin embargo, me pareció un curioso juego de palabras mal pronunciadas. Amarilla en este caso es amar y ya. Si uno lee las tres palabras a gran velocidad y pronunciando mal la doble ele, la vida debe tener el color el enunciado inicial y punto.

Amar y ya. Vivimos en una sociedad muy atenta a lo trivial y poco atenta a lo esencial. Vivimos atentos a la moda, el vestirse bien no es algo malo, pero si eso es más importante que ver a tanta gente viviendo en las calles, eso implica que estamos atentos a lo menos importante, que sin llegar muchas veces a ser malo, no es lo vital.

Lo vital tiene que ver precisamente con lo que le da origen a la palabra, lo que es necesario para vivir, estar a la moda, visitar los mejores sitios de baile, frecuentar los lugares que tengan la mejor comida, cuando hay gente que pasa días y días sin probar alimento. Y no, no estamos hablando de otro planeta, ni siquiera de otro país, es más no tenemos que llegar a otra ciudad u otro barrio.

Basta con salir a la calle para ver la pobreza y la opulencia conviviendo, grandes edificaciones, con lujosos ambientes, tiendas por todas partes abarrotadas de cosas que no son vitales. Pero que son adquiridas sin parar y personas apoyadas en los muros exteriores, de las gigantes centros comerciales sin nada para comer, lugar donde vivir y realmente preocupadas por lo vital, por sobrevivir.

Por eso que este año, la vida debe ser amar y ya. Amar es poner los ojos en lo esencial, amar a los otros, amarse uno mismo, ver lo que es vital y jugarse la vida por ello, ser apasionados por el amor y vivirlo intensamente.