Tomado de RCCRadio.fm

Dos horas atrás abrí mi Facebook y encontré un mensaje con una pregunta: Espíritu Santo ¿para qué? Reflexiono un momento, quién me escribe es una persona con profundos estudios en teología y Biblia, es por decirlo de alguna manera un “conocedor de Dios”. Reconozco además el servicio que esta persona presta a una comunidad de oración desde hace varios años. Entonces, ¿por qué ahora me lanza esta pregunta a mí a manera de queja y lamento?. Pues bien hoy quiero como en otras ocasiones dar respuesta desde mi experiencia personal sobre el desconocido Espíritu Santo.

Hay un grupo de hombres y mujeres con un temor grande que los penetra hasta lo más profundo de sí. Este miedo los invade tanto que los lleva a encerrarse en un lugar con la intención quizás ingenua de protegerse. Me refiero al grupo de discípulos ocultos en Jerusalén, con las puertas cerradas por miedo a los judíos (Jn20,19) ¿Qué te produce miedo hoy?, ¿Qué es lo que más te angustia?, ¿Qué te roba la paz?, ¿tienes algo para estar intranquilo?.

Quiero partir de estas preguntas, para dar respuesta a la pregunta principal: Espíritu Santo, ¿para qué? Una de las razones entre muchas por la cual, viene el Espíritu Santo, es para reconocer a Jesús como Señor, pues sin él esto es imposible: “Nadie puede decir: Jesús es Señor, sino bajo la acción del Espíritu Santo” (1Cor 12,3b) Al reconocer a Jesús, es decir, al renovar esa intimidad con él, es posible recibir lo que más necesitaban y también hoy necesitamos: La paz. No es casual que Jesús insista dos veces en entregar la paz a su discípulos: “la paz esté con ustedes” (Jn 20,19.21)

Paz porque el miedo en nuestros corazones es demasiado, nos mantiene encerrados en nosotros mismos. Cobra valor; el Espíritu Santo viene para vivir en los más profundo de ti, también para arrancarnos de las garras del miedo y finalmente ponernos en las manos del todo amante, todo amor: Jesús. Paz que necesita con urgencia este teólogo-biblista que ufana de conocer a Dios, pero es posible que sólo sea una idea y nada más en su vida. La paz no es la ausencia de problemas, sino es vivir en la confianza en la mente, pero sobre todo en el corazón que hoy y siempre tenemos alguien que pelea por ti y por mí: Jesús el Señor. “Pues pongo delante de Josué una piedra y yo mismo escribo en ella una inscripción” (Zac 5,9ª). Para esto viene el Espíritu Santo!.