Revisando nuestra vida, encontramos infinidad de problemas que normalmente abarcan diferentes áreas (economía, salud, emociones, etc). Y es ahí cuando desearíamos que un milagro ocurriera, ya que sólo eso podría sacarnos del problema.

La vida es ir y venir, encontramos la presencia de Dios en cada momento, eso sí, si queremos verlo. Nuestra fe implica no sólo creer, también tiene como resultado ser fiel, pese a que no encontremos lo que estábamos buscando.

Normalmente cuando no vemos algo “extraordinario” creemos que es muy normal para considerarse milagro.

Andamos buscando el sol de noche o que caigan estrellas en nuestro jardín para así poder afirmar que hemos visto un milagro. Pero recuerda que es ya un milagro que tú puedas leer esto, puesto que hay mucha gente que no tiene la posibilidad física de hacerlo.

No creamos que por tener fe, vamos a recibir todo lo que estemos pidiendo, hay cosas que esperabas ver, pero no era la voluntad de Dios; por más duro que sea muchas veces la enfermedad trae como consecuencia la salvación del enfermo y/ o su entorno.

Es natural que cuando veamos dificultades de cualquier índole esperemos confiadamente que Dios actúe liberándonos de eso, y en muchos de los casos eso sucede, pero también hay otros en los cuales aparentemente no hay respuesta de Dios, pero recuerda que la respuesta se encuentra inmersa en aquella dificultad.

Lamentablemente se ha hecho del milagro una “prueba” (una cosa científicamente comprobable), pero hemos olvidado que es ante todo un “signo” percibido por la fe.

César V. Peña Zapata

¡AGOTADO!

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