El cristianismo es una forma de vida permanente. Quien dice ser cristiano, pero no vive como tal, miente. Muchas veces, en nuestra vida de discípulos, olvidamos lo importante que es llevar a Jesús a todos los lugares a los que vamos, o incluso pensamos que esta tarea tiene que ver sólo con la predicación, es decir, con la mera palabra. Sin embargo, es necesario tener claro que vivir cristianamente es una tarea que necesita grandes esfuerzos, los cuales van mucho más allá de las palabras, van a las acciones.

San Juan Eudes, el fundador de la comunidad de los padres eudistas, expresó esto de manera más sencilla al exponer algunos ejercicios que diariamente lograrán alimentar nuestro espíritu, para que así éste esté en forma. En nuestra vida, muchas veces nos esmeramos por mantener nuestro cuerpo en forma, para ello vamos al gimnasio y realizamos nuestra rutina, todo esto con el fin de mantener nuestro cuerpo sano. De la misma manera que nuestro cuerpo se ejercita, nosotros debemos también brindarle ejercicio a nuestra vida espiritual, es decir, a nuestra relación con Dios, para ello es necesario que también en nuestras vidas adoptemos momentos especiales de ejercicio que nos ayuden a fortalecer nuestra vida de fe.

Esta analogía es sencilla, pero profunda. Vamos al gimnasio a darle fuerza y salud a nuestro cuerpo y eso de ninguna manera está mal, es necesario que mantengamos nuestro cuerpo saludable, ¿pero qué sentido tendría hacer esto, si no ejercitamos también el espíritu, si dejamos que la rutina y la superficialidad sean quienes determinen nuestra vida? Por esta razón es que es importante acoger para nuestro crecimiento los ejercicios que Juan Eudes nos propone, los cuales tienen que ver en un sentido amplio con ejercicios que debemos realizar en nuestra cotidianidad, casi a la par que una rutina de gimnasio, pero entendiendo rutina como un quehacer de todos los días, sin dejar que esto se convierta en una carga para el cristiano.

Realizar los ejercicios todos los días, más allá de una mera obligación, es un compromiso con nuestra vida espiritual. No se trata de hacer de los ejercicios de Juan Eudes una carga pesada para el desarrollo de la vida, pero si se trata de acoger un compromiso con nuestro crecimiento, conscientes de que muchas veces este, como en la rutina de gimnasio va a implicar esfuerzo y muchas veces desánimo. Es ahí cuando debemos tener la certeza de que cada esfuerzo tendrá en el futuro un resultado, que en este caso no es un cuerpo saludable, sino una corona que como dice San Pablo, no se marchita.

En este trabajo, quisiera que viéramos de manera respetuosa los ejercicios de Juan Eudes como una propuesta de fortalecimiento de la vida espiritual, así como en los ejercicios físicos dan forma al cuerpo. De manera que podamos mirar en los ejercicios de Juan Eudes un “itinerario” o rutina para vivir de una mejor manera la vida espiritual.

El “itinerario” o instrucciones que nos propone Juan Eudes para nuestro ejercicio espiritual diario es el siguiente:

Ejercicios para la mañana:

  • Desde que despertamos la invitación es a ponernos en manos de Dios, en el momento en que abrimos nuestros ojos, es necesario ponernos en presencia de nuestro Dios, pidiéndole que nos acompañe durante nuestro día.
  • Al levantarnos de la cama, debemos pedirle que guíe cada paso, debemos adorarlo en esa hora y pedirle que nos de la fuerza para continuar.
  • Al bañarnos es bueno recordar nuestro bautismo y pedirle al Señor que siga restableciendo nuestras fuerzas y nos continúe dando la capacidad de vivir con fuerza nuestros compromisos bautismales.
  • Al vestirnos podemos pedirle al Señor que primero seamos revestidos con el poder de su gracia, para hacer de cada día una nueva oportunidad para crecer.
  • En esta hora del día es bueno hacernos el propósito de realizar cuanto vayamos a hacer durante el día, una ofrenda que dé gloria a Dios.

Ejercicios para el día:

  • Es recomendable tener presente todo el día que Jesús es el centro más importante de nuestra vida, que fuera de Él no encontramos más que desesperanza y desilusión, que solo Él nos puede dar verdaderas razones para vivir y salir adelante.
  • Durante todo el día es bueno hacer elevaciones a Jesús, las cuales no son más que oraciones en las que entablemos un diálogo personal con Él.

Ejercicios de la noche:

  • Se recomienda al terminar el día, realizar una acción de gracias por cada momento vivido durante el paso de las horas del día, esto significa agradecer tanto por las cosas buenas, como por las malas, ya que cada una dejan una enseñanza para nuestra vida.
  • Es bueno realizar un examen en el que evaluemos las cosas en que fallamos a Dios, este con el fin de reconocer que somos humanos y entregarnos por completo a Él para que nos continúe haciendo fieles.
  • En un momento de la noche está bien pedirle perdón por las fallas identificadas y pedirle que nos regale la gracia de serle completamente fiel y vivir constantemente para darle gloria a Él.
  • Por último en el día, se recomienda ofrecer nuestro descanso a Dios, pidiéndole que haga de cada uno de los latidos de nuestro corazón y de nuestra respiración una alabanza para Él.

Recomendaciones:

  • Se recomienda a los practicantes de estos ejercicios un corazón completamente entregado a Dios, con una disposición de dejar transformar por Dios cada una de las cosas de la vida.

Escrito presentado a la Unidad de Espiritualidad Eudista.