La Iglesia católica celebra el domingo siguiente a la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, la Fiesta de la Divina Misericordia, una fecha que tiene como fin principal, recordarnos la inmensidad del amor de Dios y su misericordia que no tiene límites frente a nuestro pecado; la misma sor Faustina Kowalska relata en su diario “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia”, según propias palabras del mismo Hijo de Dios.

Pero compartamos primero, ¿quién es María Faustina Kowalska?, una religiosa de la orden de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia y mística católica polaca, quien es responsable de haber impulsado esta devoción en el mundo por medio de la publicación de manifestaciones del propio Jesús; de hecho la propia imagen de Jesús de la Misericordia que hoy conocemos fue instrucción del mismo salvador por medio de la mística polaca.

Etimológicamente hablando, el término misericordia viene del latín; forma de “miserēri” tener piedad y “cor” o “cordis” quiere decir corazón, esa virtud a compadecernos de lo que vive el prójimo, a vivir lo más cercanamente posibles al dolor y hacernos partícipes del mismo, y es que eso es lo que ha hecho Jesús por nosotros desde que fue conocido su paso por la tierra; nos amó de tal manera que fue capaz de pasar dolores, tristezas, decepciones, tentaciones, solo por el hecho de vernos limpios y libres de toda mancha de culpa adherida por nuestro divorcio de Dios gracias a nuestro actuar cargado de mezquindad e ira.

Esta fecha, en medio de la alegría de la Resurrección, deberíamos asumirla como un recordatorio del inexplicable amor de Dios por el hombre y del llamado que se nos ha hecho a hacer carne nuestro amor hacia Él pero a través de las personas con las que compartimos a diario; ¡es el sentido de nuestra vida, amar!, “amar hasta que duela, y si duele es buena señal”, una muy célebre frase de Santa Teresa de Calcuta, que nos invita a vivir sintiendo con el corazón, la miseria del otro.